Chus Hevia: «La lié muchas veces y soy el primer culpable de no haber llegado lejos en el fútbol»

Chus Hevia, posando para 'La Verdad' delante del Escudo, en una imagen de archivo. / antonio gil / agm
Chus Hevia, posando para 'La Verdad' delante del Escudo, en una imagen de archivo. / antonio gil / agm

«Todo el dinero que he ganado en mi carrera me lo he gastado en médicos. Soy una persona de 28 años con la rodilla de un abuelo de 90», explica el exjugador del Cartagena

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

Ha colgado las botas, con solo 28 años, tras un suplicio que empezó en 2012, cuando estando en el Marino de Luanco le quitaron el menisco de su rodilla izquierda. «Esa operación ya no se hace así. Ya no se extirpa el menisco. No obstante, solía funcionar y era raro que aparecieran los problemas durante la carrera deportiva del jugador. Solían regresar los dolores en la rodilla a los 50 años, pero nunca con 25. Pero soy un desgraciado y me tocó la china. Ya empezó a molestarme en mi primer año en el Cartagena [temporada 2014-15] y cada año fue a peor». Hasta que este verano, al empezar la pretemporada, tiró la toalla. Chus Hevia (Oviedo, 1990) comprendió que ya no tenía sentido seguir luchando contra un imposible.

-¿Cómo está?

-Ahora, animado. Esto de quedarme en el cuerpo técnico del Marbella me ha dado aire, porque desde enero a mayo estuve muy jodido de la cabeza. Y este verano, peor. A mis padres los tengo que poner un monumento, porque han tirado de mí en los momentos más duros. Mi padre jugó en Primera y Segunda División [siete campañas en el Oviedo] y como entrenador se quedó en Tercera. Yo no he pasado de Segunda B como futbolista, pero espero superarlo a él como entrenador. Lo tengo que hacer. Me gusta mucho y creo que valgo para ser entrenador. Le echo horas y aprendo rápido. Padilla [técnico del Marbella] me está ayudando mucho.

«Ayudo al míster en el día a día y soy la persona del cuerpo técnico más cercana a los jugadores»

-¿Cuándo supo que no había solución y que tenía que dejarlo?

-Lo veía venir. Los últimos años han sido muy duros. Y ahora soy una persona de 28 años con la rodilla de un abuelo de 90. Me duele la rodilla cada día y voy medio cojo. Todo el dinero que he ganado en mi carrera me lo he gastado en médicos. He jugado siempre con dolor, me he infiltrado mil veces, he tenido que tomar mil pastillas para el dolor y nunca me he sentido al 100%. Pero me he resistido siempre a dejar el fútbol. He ido a un montón de médicos. En diciembre, un especialista en Sevilla me dijo que con la artrosis que tenía en la rodilla no podía seguir jugando ni un día más. No le hice caso y lo intenté. Me abrieron la rodilla y me metieron unas células madre. Eso me hizo tirar cuatro o cinco meses. Me infiltraron para jugar los últimos partidos y el 'playoff'. Pero era muy frustrante. Yo estaba en el campo atormentado, sabiendo que no podía y que con 28 años era el final de mi carrera. Fui a ver a otros dos médicos y me dijeron lo mismo: que con esa rodilla era imposible seguir haciendo deporte. Y me di cuenta de que no podía. Luché pero era imposible.

«Aquí nadie nos gana fácil. El Cartagena va a sufrir mucho y estoy convencido de que le podemos ganar»

-La rodilla colapsó definitivamente justo el año en el que el Marbella rozó la gloria del ascenso.

-Sí. Es el típico año que esperas toda la vida, con un equipo bueno y con opciones de ascender a Segunda. Un regalo para un jugador de Segunda B. Solo pude jugar 20 partidos de titular y marqué 6 goles. Pero estaba muy mermado. Eran muchos años con dolores. Y la rodilla dijo basta. Las inflamaciones no se me iban con nada y no pude disfrutar del año tan bueno que hizo el equipo.

«Mi mejor año fue el primero en el Cartagena. Fui feliz y eso que vi auténticas barbaridades»

-¿Cómo ha terminado trabajando en el cuerpo técnico del Marbella?

-Este verano estaba hecho polvo de la cabeza. Lo quería dejar todo y olvidarme para siempre del fútbol. Pero estando en mi casa [en Oviedo], un día me llamó Padilla y me dijo que me quería a su lado, de ayudante en el cuerpo técnico. Él era el preparador físico y el segundo de Fernando Estévez el año pasado en el Marbella. E hice muy buenas migas con él. Al convertirse en primer entrenador, me llamó, me vine de nuevo para Marbella y ahí se abrió esta nueva vida que llevo. Estoy con ganas.

-¿Cuál es su función concretamente en el cuerpo técnico del Marbella? ¿Es segundo entrenador?

-Somos dos personas ayudando al míster. La verdad es que me da mucha bola. Hago tareas del juego y soy la persona del cuerpo técnico más cercana a los jugadores. Hago de todo. Preparo ejercicios específicos en los entrenamientos y los domingos les doy a los jugadores referencias del rival, por ponerte dos ejemplos.

«Lo veía venir porque jugaba siempre con dolor, tomaba mil pastillas y me inflitré mil veces»

-¿Echa de menos jugar?

-Sí. Muchísimo. Lo estoy pasando muy mal. Solo tengo 28 años.

-¿Dónde marcó su último gol?

-En Murcia, contra el UCAM, en la penúltima jornada. Aunque no subimos, hicimos una gran temporada. Tuvo mucho mérito.

-¿Qué partido espera este domingo entre el Marbella y el Efesé?

-Aquí nadie nos gana fácil. El Cartagena va a sufrir mucho. Vamos a salir a por el partido y estoy convencido de que podemos ganar. Ya lo hicimos el año pasado.

-Con gol suyo.

-Sí. 1-0 ganamos. Ahora mismo, sabemos que no estamos a la altura de Melilla, UCAM y Cartagena. Ellos tienen mejores plantillas y mucho más presupuesto. Tenemos el listón alto, porque el año pasado estuvimos siempre primeros o segundos. Hemos incorporado a quince jugadores y nos han quitado a gente importante. Es normal que esta temporada nos esté costando [el Marbella es decimotercero, con 20 puntos, a tres del 'playout' y a nueve del 'playoff'].

-El Marbella acaba de cambiar de propietario. Y ya han empezado los cambios en el organigrama. ¿Cómo lo llevan ustedes?

-Nos ha hecho unirnos más. Hay un poco de incertidumbre, porque no se sabe qué va a pasar en cuanto a jugadores y cuerpo técnico. Pero esto nos ha unido más que nunca. Y afrontamos como una piña el partido de este domingo contra el Cartagena.

-Recreativo, Marino, Cartagena, Racing, Linares y Marbella. ¿Dónde están sus mejores recuerdos?

-Donde más querido me sentí fue en Cartagena y en Linares. Y donde rendí mejor fue en el Cartagena, en mi primer año [32 partidos y 12 goles]. Me retiro con la espina de no haber podido volver al nivel de ese primer año. Al final de esa temporada empezó el calvario de la rodilla y, de hecho, no pude jugar la eliminatoria contra Las Palmas. Fui feliz. Y eso que en aquella temporada vi auténticas barbaridades, como meternos en el vestuario antes de un partido y enterarnos de que el entrenador estaba en Uruguay. Fue todo un desastre, pero yo disfruté muchísimo en el campo. Creo que la figura de [Manolo] Palomeque fue decisiva. Ya no solo como entrenador, sino como psicólogo y padre de todos. Él fue el principal responsable de que nos salváramos.

-¿Mantiene contacto con gente de Cartagena? ¿Viene por aquí?

-Sí. El año pasado fui muchos lunes para allá. Este año aún no he podido acercarme. Es una ciudad en la que me he sentido querido y a la que siempre me va a gustar volver. Es un sitio especial y que siempre está en mi cabeza, aunque me queda mal sabor de boca por la forma de salir del club.

-Pasó por las canteras de Real Madrid, Villarreal y Oviedo. Tenía condiciones de sobra para llegar a Primera División y no lo hizo. ¿Por qué se quedó por el camino?

-La cagué muchas veces. La lié muchas veces. Las oportunidades para llegar alto sí que las he tenido y no las aproveché. Fue por mi mala cabeza y mis malas decisiones. Soy el primer culpable de no haber llegado lejos en el fútbol. Ahora, me arrepiento de todo aquello. Pero también entiendo que aquello fue un aprendizaje que me ha servido para madurar y crecer en otros aspectos como persona.

-¿Qué quiere hacer con su vida?

-Voy a intentar ser entrenador. Mañana [por hoy] empiezo el Nivel II. Y voy a tirar por ahí. Sabía que me gustaba, pero no tanto. Me encanta.

-¿Ha hecho amigos en el fútbol?

-Pocos, pero buenos. Jandro, que estuvo conmigo en el Marino, el mejor.

-¿El mejor entrenador que ha tenido?

-Manolo Palomeque.

-¿Su mejor partido?

-Contra El Palo, con el Cartagena, que marqué un gol de vaselina.

-¿Su jugador favorito?

-Guti. Me encantaba ir al Bernabéu a ver al Madrid solo para fijarme en lo que hacía. Era distinto a todos.

«Monteagudo, Breis y Belmonte no fueron de cara conmigo»

Uno de los tragos más amargos de su carrera lo vivió a finales de enero del año pasado, cuando tuvo que irse obligado del Cartagena. Le anunciaron que le quitarían la ficha el 19 de enero, se desvinculó del club diez días más tarde y terminó comprometiéndose con el Linares el día 31, a pocas horas de que se cerrara el plazo de altas y bajas del mercado de invierno de 2017. Su ficha, que iba a ser ocupada por el francés Thierry Florian, finalmente fue para Germán, que salió del Murcia de manera inesperada y no mejoró -para nada- el rendimiento que había dado Chus Hevia entre enero de 2016 y enero de 2017 (34 partidos y 6 goles).

«Aquello lo llevo clavado, porque no se portaron bien conmigo. Me gusta que las cosas se hablen a la cara e ir de frente, en las buenas y en las malas. Alberto Monteagudo es un buen entrenador, pero es una de esas personas que quiere quedar bien con todo el mundo y eso es imposible. Yo nunca le gusté y no tuvo la valentía de sentarse conmigo y decirme las cosas a la cara. Jamás lo hizo. Yo lo hubiera preferido así. Ni él ni Paco Belmonte ni Manolo Breis fueron de cara conmigo. Se pasaron la pelota unos a otros y me hicieron daño. Eso no quita para que tenga grandes recuerdos de mis dos etapas en Cartagena», explica el exfutbolista ovetense.