Sívori, el león que se convirtió en aladroque

Sívori celebrando un gol al Marbella en 2007. / antonio gil / agm
Sívori celebrando un gol al Marbella en 2007. / antonio gil / agm

FRANCISCO J. MOYA

Se llama Arturo Igoroin Sanjurjo, pero nadie lo conoce por su nombre y sus apellidos. Para todos es Sívori. «Mi padre jugaba en Vitoria, de forma amateur, y se parecía físicamente a Enrique Omar Sívori, un jugador argentino muy importante de los años 60 y 70. Llegó a ganar el balón de oro y se le consideró el Maradona de River Plate. Mis padres abrieron un restaurante en Vitoria y le pusieron Asador Sívori. Y tanto a mi hermano como a mí siempre nos llamaron Sívori», explica el ex de Alavés, Athletic, Córdoba, Leganés, Cartagena, Águilas, Caravaca, Mar Menor y La Unión.

Tuvo una carrera larga. «Me retiré a punto de cumplir 37 años y tuve mucha suerte. No me lesioné nunca de gravedad». Afincado en Cala Flores, a sus 42 años es el entrenador de La Unión CF, en Tercera. Su hijo mayor es el 'pichichi' del equipo juvenil. «Tiene más calidad que yo, pero no pelea ni la mitad», confiesa divertido. Sívori fue el buque insignia del Cartagena en el primer lustro de la etapa de Paco Gómez. Entre 2003 y 2008 acumuló un total de 173 partidos con la camiseta albinegra, lo que le convierte en el quinto con más encuentros disputados en la historia del club, solo por detrás de Mariano Sánchez, Alberto García, Ander Lafuente y Javi Manzano.

Fue capitán desde 2004, titular indiscutible para todos los entrenadores -tuvo once en cinco temporadas- y anotó 37 goles, siendo el cuarto máximo goleador histórico de este Efesé. Esa cifra solo la superan Alberto García (62), Keko (39) y Toché (38). La espina que le quedó es que no pudo disfrutar del ascenso de Alcoy. «Tuve que salir del club un año antes, aunque todos los que me conocen saben que me alegré como el que más. En 2008 me quedé a solo dos minutos de renovar automáticamente por partidos jugados. Fue una pena, pero me tuve que marchar al Águilas y no viví el ascenso de Alcoy. Ya lo merecimos claramente el año del Vecindario. Ese Cartagena es el equipo que mejor he visto jugar al fútbol nunca en Segunda B», cuenta.

De esa eliminatoria ante el modesto equipo canario se acuerda «todos los días». Y lamenta el gol que le anularon en el partido de ida. «La juez de línea era la novia del árbitro. Fui a protestarle y me dijo que estaba en línea con el defensa. Y yo le gritaba que si estaba en línea no era fuera de juego. Una y otra vez. Fue una pena. En la vuelta salió todo al revés. Habíamos marcado gol en todos los partidos del Cartagonova de esa temporada y esa noche no entró la pelota», recuerda.

En lo personal, él siempre rindió bien. Pero al equipo le costó mucho crecer. «En los dos primeros años fue una locura, con cuatro entrenadores por temporada. Yo me quise ir el primer verano, porque no se podía trabajar así. Es cierto que teníamos buenos contratos y se cobraba bien, pero yo nunca había visto nada igual. Llegó Miguel Torrecilla, el mejor director deportivo que he tenido jamás, y trajo esa estabilidad que casi nos asciende. Lo echaron tras el año del Vecindario y volvieron los vaivenes», resume Sívori, quien desde el primer momento entendió que el de Paco Gómez era un proyecto especial.

«Estaba en el Leganés y Pepe Murcia y Paco Gómez pusieron mucho interés en traerme. Al final me convencieron, pero cuando fui a firmar mi contrato me advirtieron de que podía terminar jugando en Cartagena, en Toledo o en Oviedo. Que no estaba del todo claro que íbamos a jugar en Cartagena. Eran años en los que se fichaba bien, a los mejores de Segunda B, pero no estábamos arriba porque no había tranquilidad», dice.

El caso es que en tres años pasó de estar en Primera con el Athletic a jugar en Segunda B con el Efesé. «Jugué 15 partidos con el Athletic y fue maravilloso. No fue un palo tener que irme. Era lo normal. Tenía por delante a Julen Guerrero, Ezquerro, Urzáiz y Etxeberría, los cuatro internacionales. Nos entrenaba Luis Fernández y no olvidaré nunca mi debut en el viejo San Mamés. Ganamos al Betis de Denilson, Alfonso y Finidi y salir a aquel campo daba respeto. Por supuesto, también fueron muy bonitos mis años en el Alavés, donde marqué bastantes goles, subimos a Primera y llegamos a semifinales de la Copa del Rey, tras eliminar al Real Madrid», señala un Sívori que se crió en el barrio vitoriano de Arana y empezó en el Arambizkarra. Antes de jugar al fútbol, probó con la lucha libre.

 

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