Ginés Requena: «¿El secreto? Los bocadillos de manteca, mortadela y queso me ponen como una roca»

Ginés Requena y su hijo juegan con el balón en la ciudad deportiva Gómez Meseguer. / Pablo Sánchez / AGM
Ginés Requena y su hijo juegan con el balón en la ciudad deportiva Gómez Meseguer. / Pablo Sánchez / AGM

Es el jugador más longevo de Tercera a sus 46 años, arregla contenedores en el Puerto y no piensa en la retirada: «Nunca he tenido lesiones graves»

RUBÉN SERRANOCARTAGENA.

Caen los últimos rayos de sol en la ciudad deportiva Gómez Meseguer, uno de los grandes epicentros del fútbol base cartagenero, arropada por las cientos de empresas que nutren la economía en el polígono industrial Cabezo Beaza.

Hoy toca entrenamiento del Cartagena FC y, por eso, el protagonista de esta historia, que espera sentado al equipo de 'La Verdad' a ras de césped, ha llenado el estómago «con una comida light»: un plato de sopa con dos albóndigas, dos ensaladas (una de ellas doble) y una barra de pan. «Pero integral», matiza al periodista con una sonrisa. «Las noches son mi perdición, luego caerán dos o tres hamburguesas».

Sus amigos y compañeros de equipo se preguntan dónde mete la comida Ginés Requena (Cartagena, 1973) y cómo hace para seguir en activo a sus 46 años, siendo el futbolista más longevo que competirá esta temporada en Tercera. El menor de los Requena [sus hermanos Ángel y Manolo], debutó hace ya 26 años en Segunda B, en el Rico Pérez.

«Me lo propusieron porque me encuentro bien, no por pena. Si no, no la hubiera aceptado»

-¿No le gusta que le digan que es el abuelo?

-Simplemente, no le doy importancia. Si acabo esta temporada con 47 años [los cumple en abril], la cifra está ahí y será buena señal, porque habré terminado la temporada. La gente me ve por la calle y me dice que continúe, porque saben que estoy haciendo lo que me gusta. Debuté en Segunda División B hace 26 años en el estadio Rico Pérez de Alicante, y de los futbolistas de mi 'quinta' ya no queda nadie en activo, solo yo. Todo el mundo se alegra y me da la enhorabuena. Yo quiero seguir jugando hasta que me encuentre con la fortaleza física suficiente para afrontar retos exigentes.

-¿Y lo lleva bien?

-Me encuentro perfectamente. Si no, no me hubieran renovado una temporada más. Y menos ahora, cuando hay un proyecto muy importante para estar arriba. Hablé con Leo [Gómez, director deportivo] y le dije que no me renovaran por pena, sino porque realmente me veían en condiciones. No ha sido un premio y saben que me encuentro bien. Cuando conseguimos subir a Tercera División, hablamos la posibilidad de renovar el contrato. Me lo propusieron y yo acepté encantado. No me lo pensé. Lo teníamos todo apalabrado desde hace semanas y lo hicimos oficial esta semana. Lo hablamos seriamente y no me han renovado por pena, sino para aportar como uno más del equipo y ser un apoyo y un ejemplo para los jugadores jóvenes. Mi continuidad no es un premio por haber contribuido al ascenso. Lo hacen porque confían en mí.

«No hago dieta ni he ido al gimnasio en mi vida. Doy el 100% en cada entrenamiento y con el trabajo me mantengo»

-¿Cuál es la fórmula secreta? ¿Cómo puede aguantar todavía en activo, para poder competir con chavales de 20 años?

-Si te digo la verdad, no hago dieta ni he ido al gimnasio en mi vida. El que me conoce, sabe que estoy en lo cierto y cuando lean estas palabras se van a reír. Yo como de todo: pan, carne y bocadillos con las sobras de otros días que no quiere nadie. La temporada pasada entrenábamos tres días a la semana. A mi edad, necesitaba más deporte y jugaba partidillos de fútbol sala con mis amigos.

Este año, nos vamos a ejercitar cinco días y ya no será necesario. Eso me da el puntito que necesito para llegar bien a los domingos. La clave es que no estoy parado ni estancado. En los entrenamientos, doy el 100% y me lo tomo como un profesional.

«A mi edad, lesionarme sería muy duro. Toco madera. Solo miro a corto plazo y pienso en el día a día»

Cuando eres joven, te puedes escaquear o estar menos concentrado. Pero a mi edad, o lo das todo o el domingo lo pagas caro en el campo. Los entrenamientos me ayudan a mantenerme. También el trabajo, con el martillo y soldando con el mono. ¿El secreto? Los bocadillos de manteca, mortadela y queso. Eso me pone como una roca.

-¿Qué le sigue 'picando' del fútbol?

-Siempre me ha gustado mucho el fútbol, y el deporte en general. Pero tengo clara una cosa: cuando me lo deje, no quiero ser entrenador ni nada por el estilo. Será una retirada radical y acompañaré a mi hijo a los entrenamientos, porque le gustaría seguir mis pasos.

Voy a seguir hasta que sea capaz de responder a las exigencias. Pero a esta edad, yo no pienso más allá del corto plazo y el día a día. En cualquier momento puedo lesionarme y esa recuperación no podría llevarla igual que cuando tienes veinte años. Por suerte, a lo largo de mi carrera siempre me han respetado y no he sufrido ninguna de gravedad. Por eso creo que también estoy durando tanto. Toco madera.

«Cuando me decían que iba a entrenar con los grandes, no dormía de los nervios. La mentalidad ha cambiado»

-Debutó hace 25 años en Segunda División B. ¿Con qué se queda de todo este tiempo?

-Aquel día fue inolvidable. Me cambiaron por mi hermano y conseguí cumplir uno de mis sueños. Fue lo máximo. Increíble. Desde entonces, el mundo del fútbol ha cambiado mucho. Bastante. No hay ni punto de comparación. Antes, las categorías inferiores eran más competitivas, se movía más dinero y los equipos confeccionaban mejores plantillas.

Los clubes fichaban a base de talonario y, además, los chicos que subían de la cantera lo ponían difícil. Hoy en día es todo muy precario y hay que conformarse con lo que hay. Por eso, los jóvenes están desanimados: no tienen el aliciente de cobrar un dinerillo; al contrario, les cuesta. Entrenan y si luego encima el entrenador no les pone, se desaniman y ya no vienen más.

-¿Qué odia del fútbol moderno?

-Por un lado está la situación que hemos comentado antes, de la precariedad. Pero también está la actitud de los chavales, que ha cambiado mucho. Cuando a mí me decían que iba a entrenar con el equipo de Segunda B, me tiraba dos noches sin dormir, lleno de nervios hasta que llegaba el día. Ahora me fijo y cuando vienen juveniles a entrenar con los grandes los ves desganados, o no son puntuales. La mentalidad de ahora no es la de antes.

-Y esa voz de la experiencia es la que transmite ahora en el equipo.

-Intento decirle a los chavales que hay que esforzarse al máximo en el campo. Hay mucho talento. Muchos tienen condiciones para el fútbol. Intento decirles lo bonito que es vivir de este deporte: levantarte a las nueve, entrenar dos horas, tener el día libre y cobrar un buen dinero. El día de mañana, cuando te tengas que levantar a las seis de la mañana y trabajar diez horas por mil euros, mientras un jefe te aprieta, te darás cuenta de lo afortunados que son los futbolistas. De la oportunidadd que perdiste. Yo pillé una época buena en Tercera División y podías vivir de eso. Estuve en equipos punteros [Ceuta, Real Murcia, Cartagonova FC, Mar Menor, Olímpico de Totana (en dos etapas), Relesa Las Palas...] y un dinero me he sacado.

-¿Aspiran a todo en Tercera División? ¿Qué pasará si hay ascenso?

-Lo primero de todo debemos tener los pies en el suelo y salvar la categoría. Es clave. En teoría, hay equipo para aspirar a algo más. Ojalá vayan la cosas bien y podamos disputar los 'playoff' de ascenso. Si subimos a Segunda B, sería una grata satisfacción para la ciudad. Pienso que en el Cartagena FC contarían más con la cantera que en Ciudad Jardín. Creo que Leo tiraría también de los chavales. El estadio Cartagonova, llegado el caso y al ser municipal, si la directiva plantea jugar allí podrían hacerlo los dos clubes. No creo que exista ningún problema para compaginarlo.