Paco Machín, final y principio

Paco Machín, en un Cartagena-Racing jugado en el Almarjal en septiembre de 1987. / ARCHIVO LA VERDAD
Paco Machín, en un Cartagena-Racing jugado en el Almarjal en septiembre de 1987. / ARCHIVO LA VERDAD

El ariete balear, que marcó el último gol en el Almarjal y el primero en el Cartagonova, colgó las botas con solo 30 años «desilusionado»

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

Solo jugó 56 partidos con la camiseta del Efesé y le tocó vivir dos de las temporadas más aciagas en la historia del club, la del descenso del 88 y la del 'no ascenso' del 89, cuando el equipo entrenado por el argentino Gustavo Silva terminó en séptima posición y nunca tuvo opciones reales de regresar por la vía rápida a la división de plata. Dos décadas enteras tuvieron que pasar para que la ciudad volviera a tener a su equipo de fútbol en Segunda. Pese a todo, el ariete Paco Machín (Palma de Mallorca, 1958) hizo historia aquí y su nombre es recordado por todos los aficionados que vivieron aquellos cursos de transición del Almarjal al Cartagonova, con un paso intermedio por el Municipal de Torre Pacheco. Porque él marcó el último gol de la historia del viejo campo y el primero del nuevo.

«El primero en el Cartagonova sí que lo recuerdo. Fue contra el Recreativo, un miércoles por la noche. Quedaban tres o cuatro minutos, centró Amorós desde la derecha y yo le gané la posición a Álex, que había sido compañero mío en el Betis. Ganamos 1-0 y fue nuestro primer gol en Liga en el Cartagonova. Nos costó tres partidos marcarlo. Veníamos de una racha muy mala [un empate y cuatro derrotas]. La verdad es que fue un descenso inexplicable, porque la plantilla era buena. Jugador por jugador había mucho nivel, pero como equipo nunca funcionamos», confiesa Paco Machín a 'La Verdad' desde su domicilio de Madrid.

«Del último gol en el Almarjal no me acuerdo. Me lo tienes que refrescar», admite al periodista. Fue de penalti, el cuarto en la goleada al Castellón (4-0) que sirvió para despedir el viejo estadio del Paseo Alfonso XIII el último domingo de septiembre de 1987. Y tuvo su miga aquel tanto. El chileno Santís quiso lanzar la pena máxima, pero Paco Machín no le dejó. Y Santís se enfadó muchísimo. «¡Es verdad! Recuerdo que pasó varias veces esa temporada. Él siempre los quería tirar, pero el encargado era yo. No solía fallarlos», recuerda un Paco Machín que apuntó muy alto en sus inicios.

Triunfó en el Castilla que jugó la Recopa, pasó por el Betis de Gordillo, Poli Rincón y Cardeñosa y vivió un infierno en Elche

Canterano del Real Madrid, era el goleador del gran Castilla de Agustín, Gallego, Castañeda, Pineda, Cidón y Balín (su hermano) que llegó a la final de la Copa del Rey del 80. La perdió ante el primer equipo (6-1 ganó el Real Madrid de Santillana, Cunningham, Stielike, Del Bosque, Pirri y Camacho) y el curso siguiente jugó la Recopa. Cayó en la primera eliminatoria contra el West Ham londinense. Fue la primera y última vez que un filial disputó una competición europea, ya que al siguiente año la Federación Española prohibió a los filiales jugar la Copa del Rey.

Paco Machín salía a 15 goles por temporada, pero no tuvo ninguna opción de debutar en el Real Madrid. Tras un año en el Racing de Santander, lo fichó el Betis, donde compartió equipo con Poli Rincón, Cardeñosa, Parra, Esnaola y Gordillo, entre otros. «Teníamos un equipazo y mi primer año allí fue buenísimo. Acabamos quintos y nos clasificamos para la Copa de la UEFA», rememora. El segundo fue peor y él terminó en el Elche, que estaba en Segunda. Hizo 17 tantos y acarició el ascenso. «Lo perdimos en el último partido, cayendo en casa contra el Mallorca. Y ahí empezó mi calvario», cuenta.

Y es que Paco Machín protagonizó uno de los primeros encontronazos sonados entre un club y el sindicato AFE en el fútbol español. «El entrenador Delfín Álvarez llamó negro de mierda a Gilberto [defensa hondureño], compañero mío en el Elche. Y yo salí en su defensa. Me echó la cruz y me apartó del equipo. No me dejaban ni entrenarme con los compañeros y al final tuvo que mediar la AFE para poder irme [en enero del 87]. Al siguiente verano fiché por el Cartagena y tengo buenos recuerdos, de la ciudad, de los amigos que hice y de nuestra vida allí. En esa etapa acabé la carrera [de Ingeniería Informática] y recuerdo las facilidades que me dieron para poder ir a examinarme a Madrid. En lo deportivo, eso sí, las cosas salieron muy mal los dos años», reconoce.

Tan aburrido estaba que colgó las botas muy joven, con solo 30 años. «Con Gustavo Silva tampoco me fue nada bien. Era muy déspota y no ayudaba nada al futbolista. Tuve una oferta del Castellón, que estaba en Primera. Pero estaba desilusionado y esos dos golpes que me llevé me dejaron tocado. Venía de jugar en Primera y me vi en Segunda B con el Cartagena. Se me quitaron las ganas de seguir. Tenía 30 años y tres niñas. Había terminado la carrera y pensé que era el momento de volver a Madrid y ponerme a trabajar», explica. Y 30 años después sigue de informático, como especialista en desarrollo de software.

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