Malamente

Paco Belmonte, dueño del Cartagena, el domingo en La Condomina./Javier Carrión / AGM
Paco Belmonte, dueño del Cartagena, el domingo en La Condomina. / Javier Carrión / AGM
Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYACartagena

El camino está siendo maravilloso. Los hechos dan la razón a los que montaron este Cartagena 18-19, surgido de las cenizas de Majadahonda y que va a terminar llevando al cuadro albinegro al fútbol profesional. Será dentro de cuatro meses. Tiene que ser en mayo. Si no fuera así, será en 2020. Pero será. Aquí no hay propaganda. Solo objetividad. Salta a la vista que el final de este sinuoso viaje que en 2015 emprendieron Paco Belmonte y Manuel Sánchez Breis es la élite. Eso lo admiten hasta los más acérrimos enemigos de los dos dirigentes del club. Que, por cierto, cada vez son más. Esto último no me extraña lo más mínimo, puesto que el fútbol es el negocio con más envidiosos, resentidos, mezquinos, mediocres y cantamañanas que he conocido en mi vida.

Crece y crece el Cartagena, el primer club de la Región en estos momentos. Es el único que lo tiene todo para estar en la élite. Al Real Murcia le sobra afición y la falta dinero. Al UCAM le falta afición y le sobra dinero. Con los Lorca, el Deportiva y el Fútbol Club, de momento no se puede contar. Belmonte y Sánchez Breis no son perfectos. Claro que no. Se equivocan. Hay cosas en las que no avanzan y lo que más me preocupa es el atasco en el fútbol base y la parálisis en la búsqueda de soluciones para construir, al menos, un campo de entrenamiento para la primera plantilla dentro del municipio. La Ciudad Deportiva la doy por perdida.

Hablar de una estructura sólida de cantera y de contar con instalaciones propias son palabras mayores, por supuesto. Es hablar de la búsqueda de la excelencia. Pero sé que eso llegará. Si no es ahora, cuando ha llegado todo lo que siempre pedimos y nunca llegó, ya no será nunca. En esto, también confío en 'la doble B'. Toca esperar.

Cuando cruzas la frontera de los 40, constatas que lo único que se potencia es la nostalgia y de eso -con mi pedrada original en todo lo alto- yo voy hasta arriba. Además, tengo la inmensa suerte de consultar casi a diario tomos antiguos de 'La Verdad' para preparar 'Historias en blanco y negro', esa sección que me tiene enamorado y que nos acerca -con la milimétrica precisión que siempre da una buena hemeroteca- a lo que ha sido el fútbol cartagenero desde su nacimiento hasta hoy. Y viniendo de donde venimos, soy de los que piensa que tenemos que agarrarnos al momento y disfrutar. El Efesé de hoy es un tesoro.

El momento del equipo, en lo deportivo, es primoroso. Lleva tres meses en el 'Top 5' europeo. Baten registros históricos cada semana los pupilos de Gustavo Munúa, un entrenador por el que yo no daba un duro hace 19 jornadas, tras la derrota en casa ante el UCAM. Una vuelta completa después, estoy como sus jugadores. Si el uruguayo me pide que meta la cabeza en una hoguera, ahí voy. Me costó entenderlo. Fue así. Pero al final comprendí que este loco estaba muy cuerdo. Me fue convenciendo poco a poco y me alisté definitivamente en su ejército cuando reventó una papelera de una patada cerca del vestuario de El Ejido, al terminar el único partido que el Cartagena ha perdido a domicilio en toda la Liga. Estaba mosqueadísimo. No tolera la derrota Munúa y ha contagiado a todos sus jugadores. Esta plantilla, la mejor que ha tenido el Cartagena en Segunda B en toda su historia, tiene un nivel de autoexigencia que abruma.

A lo deportivo se suma lo económico, lo social y lo institucional. La gestión es brillante, algo que también suscita recelos, especialmente al otro lado del Puerto de la Cadena. Mis amigos de la caverna no llevan bien que el Cartagena mande. Miran al futuro y no les gusta el escenario que se presenta. Hay excepciones, pero algunos tiran con bala y sueñan con que se repita lo de Majadahonda. Todos los días no es fiesta, amigos. Ya sabemos que para lo bueno el dueño del Cartagena es Felipe Moreno. «Así cualquiera. Con el dinero de otro», repiten con mala baba. Ya sabemos que para lo malo el dueño del Cartagena es Paco Belmonte. «Compró el partido del Majadahonda y del Extremadura», le acusan. Perdió las dos veces. Que se dedique a otra cosa. Los amaños no son lo suyo. Esto lo añado yo.

Es complicado averiguar el nivel de implicación en el proyecto de Moreno, propietario del Leganés. Es indudable, eso sí, que -como poco- es un socio estratégico de Belmonte. Pues perfecto. La cosa pita. Adelante. Esto va a terminar bien y me importa poco alimentar o no el ego de un dirigente. Lo que me mueve como periodista es intentar explicar a mis lectores el origen del éxito que viene de camino. Ojo. Con cautela y humildad. Que queda mucho y ya sabemos cómo acabó la cosa contra Córdoba, Vecindario, Caudal, Avilés, Barça B, Rayo Majadahonda y Extremadura. Malamente.

 

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