«Waterpolo» en el Almarjal contra el filial del Barça

Rocamora se lanza al suelo ante Albesa, con Juanma Soto cerca de ellos, en un terreno de juego anegado por las lluvias de esos días de finales de diciembre de 1985. / foto saga
Rocamora se lanza al suelo ante Albesa, con Juanma Soto cerca de ellos, en un terreno de juego anegado por las lluvias de esos días de finales de diciembre de 1985. / foto saga

El último partido del 85 nunca debió jugarse, ya que el campo parecía una piscina. Pero se disputó y acabó con derrota (0-2), farolillo rojo y agresión al árbitro

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

«El partido era de suspensión. Para mi gusto, sí». Se lo decía el árbitro de aquel encuentro, el sevillano Alfonso Álvarez, a Pedro Caparrós al terminar el Cartagena-Barcelona Atlético. Era el 29 de diciembre de 1985. No se paraba la Liga por Navidad. Cada domingo había competición. Eran otros tiempos, impensables hoy, en los que los colegiados concedían entrevistas a los medios de comunicación en la puerta de su vestuario a la finalización de los partidos. «¿Por qué no se ha suspendido?», preguntó Pedro Caparrós, quien entonces cubría junto a Guillermo Jiménez la información del Efesé para 'La Verdad'. «Porque el reglamento dice que tiene que estar el campo cubierto de agua en tres cuartas partes y aquí, aunque había zonas muy malas, no concurrían esas circunstancias», aclaró el colegiado antes de retornar a su Sevilla natal.

Lo hizo con susto incluido, ya que fue agredido en el minuto 68 del encuentro. Y también se lo explicaba al informador con una naturalidad que vista con los ojos de hoy en día sorprende una barbaridad. «Me han tirado una piedra desde la grada y me ha alcanzado en una pierna. Era del tamaño de una mano y me ha dado en la rodilla, produciéndome una herida abierta y un hematoma. Al final del partido me ha curado el médico del Cartagena y el juego ha estado detenido durante dos minutos. Todo está en el acta», resumió. Y el Cartagena «se jugaba, una vez más, la clausura del campo», se destacaba en las páginas del diario.

Todo surgió por dos jugadas casi consecutivas en las que la afición local reclamó sendos penaltis en el área del filial azulgrana. «El primero es una carga legal entre los dos jugadores y en el segundo se deja caer Paco [Sánchez]. Y por eso le señalo una falta en contra», contaba el árbitro y así quedaba reflejado en la edición del 31 de diciembre de 1985 de 'La Verdad'. Entonces no se publicaban periódicos los lunes, ya que los domingos no se trabajaba en las redacciones. Otros tiempos. Para todo.

El campo estaba tan anegado que hubo que poner unos tablones de madera en la salida del túnel de vestuarios, para que los futbolistas llegaran al césped

El caso es que aquello «fue un partido de waterpolo», más que de fútbol. En la crónica de Guillermo Jiménez se puede leer que «el partido se jugó en una charca, con zonas donde la pelota se quedaba parada y en las que era imposible jugar. Todos los futbolistas se quitaban el balón de encima a base de patadones y al final ganó el Barça Atletic (0-2) porque la suerte estuvo de su parte». Se hacía hincapié en que el partido «no tenía que haberse disputado, ya que el balón no corría e incluso hubo que poner unos tablones de madera en la salida del túnel de vestuarios, para que los futbolistas llegaran al césped. La imagen que se dio fue lamentable y es algo que se repite cuando llueve poco o mucho», recordaba Jiménez.

Los dos goles del conjunto catalán fueron cómicos. En el primero, el lateral Valle fue a ceder la pelota a su portero, en una jugada sin peligro, y se quedó clavada en un charco. Manolo, delantero azulgrana, sacó el balón del barro y fusiló a placer a Paco López. Era el minuto 79. Seis minutos más tarde, en plena histeria local, Paco López falló en su salida y dejó la pelota en bandeja para que Villarroya, a puerta vacía, la empujara al fondo de las mallas.

Seis negativos y colista

El partido, además, estuvo a punto de costarle el puesto a Felipe Mesones, entrenador del Efesé. Era la quinta derrota consecutiva de los albinegros, que en un negrísimo mes de diciembre habían perdido en Tenerife (3-0) y Castellón (1-0) y en su campo contra Real Madrid Castilla (0-1), Real Murcia (1-2) y Barcelona Atlético (0-2).

De este modo, el Efesé despedía 1985 como farolillo rojo, con 12 puntos y 6 negativos. Estaba a cuatro de la salvación en una Liga en la que los triunfos valían dos puntos. Solo había ganado tres partidos en las 18 primeras jornadas. Y esa tarde, con 2.500 espectadores soportando estoicamente el aguacero en las gradas del Almarjal, muchos pedían la cabeza del entrenador. Pero no echaron a Mesones, el Cartagena ganó el siguiente partido en Málaga (1-3), firmó una buena segunda vuelta (seis victorias, ocho empates y cinco derrotas) y se salvó con holgura.