Aroca, una vida truncada

José Manuel Aroca sale al terreno de juego del Almarjal en silla de ruedas antes del partido homenaje que el Cartagena FC organizó el día de Reyes de 1987. El rival fue el Racing White belga. / archivo la verdad
José Manuel Aroca sale al terreno de juego del Almarjal en silla de ruedas antes del partido homenaje que el Cartagena FC organizó el día de Reyes de 1987. El rival fue el Racing White belga. / archivo la verdad

Despuntaba en el Naval hasta que un accidente de tráfico le dejó tetrapléjico con 19 años. Murió con 26 mientras dormía en su casa de Corvera

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

Este pasado sábado, día 26 de enero, se cumplieron 27 años de su muerte. «Estaba postrado en una silla de ruedas y no tenía ninguna movilidad. Tuvo un catarro fuerte, todo se le fue complicando y por la noche, mientras dormía, se le encharcaron los pulmones y falleció. Solo tenía 26 años. Su muerte me pilló jugando en Leganés con el Efesé. Me dieron la noticia en el vestuario, nada más terminar el partido. Y fue un golpe muy duro», cuenta Paco Sánchez, uno de los mejores amigos de José Manuel Aroca, un habilidoso extremo izquierdo que debutó con 18 años con el Efesé en el Insular de Las Palmas (en la jornada de la primera huelga de futbolistas convocada por AFE) y, sobre todo, destacó en el gran Naval que se proclamó campeón de España sub 23 en junio de 1985.

La de José Manuel Aroca, que da nombre al polideportivo de su Corvera natal, fue una vida truncada por la fatalidad y el infortunio. «Nunca sabremos si hubiera llegado al primer equipo, como llegamos otros. Condiciones tenía, de sobra», señala Paco Sánchez, central de aquel Naval de leyenda que entrenó Juan Antonio Donayo y quien después jugaría más de 200 partidos con las camisetas del Cartagena y del Cartagonova. Aroca había estado en las bases del Real Murcia, pero no dio el salto al Imperial y encontró su sitio aquel curso en el Naval, que entonces era el filial de un Efesé que vivía años de vino y rosas en Segunda A.

Alineación del Naval en un encuentro en el estadio Martínez Valero de Elche ante el Ilicitano, uno de los últimos partidos que pudo jugar Aroca, que es el primero por la izquierda de los que están agachados. Arriba, de izquierda a derecha, Ángel Requena, Cayuela, Isidoro, Paco Sánchez, Alejandro y David. Abajo, también de izquierda a derecha, el citado Aroca, Chechu, el capitán Jaime, Miguel Requena y Alfaro.
Alineación del Naval en un encuentro en el estadio Martínez Valero de Elche ante el Ilicitano, uno de los últimos partidos que pudo jugar Aroca, que es el primero por la izquierda de los que están agachados. Arriba, de izquierda a derecha, Ángel Requena, Cayuela, Isidoro, Paco Sánchez, Alejandro y David. Abajo, también de izquierda a derecha, el citado Aroca, Chechu, el capitán Jaime, Miguel Requena y Alfaro. / archivo la verdad

«Jugaba de extremo izquierdo, muy pegado a la banda. Era desequilibrante y chisposo. Siempre encaraba y era más pasador que goleador. Era un titular fijo», resume Sánchez, uno de los impulsores del Memorial José Manuel Aroca, un evento que se celebra desde hace 15 años cada Jueves Santo y en el que se enfrentan los veteranos del Cartagena y del Naval. En sus últimas ediciones ha tenido lugar en el polideportivo del polígono residencial Santa Ana.

«Nunca sabremos si hubiera llegado al primer equipo. Condiciones tenía, de sobra», cuenta Paco Sánchez

Aroca murió joven, en la fría noche del último sábado de enero de 1992. Pero es que su vida quedó cercenada siendo aún más joven, con solo 19 años, justo cuando estaba empezando a entender lo que esto de vivir. El día del Corpus Christi de 1985, un festivo 6 de junio en el que toda España paró como para ahora un 15 de agosto, Aroca salió a cenar con sus compañeros del Naval. Era jueves y el sábado partían hacia Sestao, donde iban a jugar la ida de las semifinales del Campeonato de España de aficionados sub 23. «Habíamos eliminado a Ilicitano, Melilla, Sporting Mahonés y Artesano de Canarias, donde Aroca jugó su último partido. Salimos juntos a cenar y después él se marchó para Corvera en su coche. A la altura de La Aljorra, en la antigua carretera de Murcia, se salió en una curva y el impacto fue terrible. Quedó tetrapléjico», cuenta Paco Sánchez.

«Sonrisa permanente»

48 horas después del accidente, camino del País Vasco, toda la expedición del Naval paró en la Arrixaca. «No podíamos irnos sin verlo. Entramos todos en la habitación y él nos dio ánimos. En ese aspecto, Aroca siempre me recordó a Sagarduy. Tenía una sonrisa permanente, nunca desfallecía y era él quien levantaba a los demás, a sus familiares y a nosotros. Creo que verlo así nos unió más y su espíritu nos llevó a la victoria [el Naval eliminó al Sestao y después remontó en la final un 3-1 al Oviedo con un apoteósico 4-1 en Los Juncos]. Siempre recuerdo que David [extremo derecho cartagenero de aquel Naval que luego subió al primer equipo y vio cortada su progresión por culpa de una entrada salvaje de Higinio en un derbi contra el Murcia] se desmayó al entrar en la habitación. Fue de la impresión de ver a Aroca postrado en la cama. Se hizo una brecha y tuvieron que llevarlo de vuelta a Cartagena para ponerle puntos. No jugó en Sestao, de hecho», recuerda Paco Sánchez.

Aroca recibió dos homenajes, uno en enero del 87 en el Almarjal, donde se enfrentaron el Efesé y el Racing White belga. Otro en el 90, en su Corvera natal. Cartagena y Murcia se vieron las caras en un campo que lleva su nombre. Siguió yendo al fútbol, ya que su padre (Manolo Aroca), fallecido el mes pasado de un infarto a los 80 años, era muy aficionado. «El sueño de Manolo era que su hijo fuera futbolista. En el Cartagonova, José Manuel siempre se ponía con su silla de ruedas en el lateral bajo, donde las ambulancias. Y siempre que lo mirabas estaba sonriendo. Venía asiduamente a nuestros partidos», asegura Paco Sánchez. «Su muerte, siendo tan joven, fue un mazazo inesperado», confiesa.