La fiebre se instala en la grada y la 'haka' albinegra ya sale sola

Imagen del entrenamiento vespertino del Cartagena, que congregó ayer a unos 800 aficionados en el Cartagonova. / antonio gil / agm
Imagen del entrenamiento vespertino del Cartagena, que congregó ayer a unos 800 aficionados en el Cartagonova. / antonio gil / agm

Unos 800 aficionados animan a los albinegros en una sesión a puerta abierta idéntica a la que hace siete días fue el germen de la remontada

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

Lo que funciona no se toca y en el Cartagena tienen claro que en lo que resta de 'playoff' de ascenso (sean dos o cuatro semanas) todo se va a hacer siguiendo la línea marcada la semana pasada, la de la remontada ante el Real Madrid Castilla. Así, ayer volvieron a abrirse las puertas del Cartagonova para que alrededor de 800 aficionados animaran a los futbolistas entrenados por Gustavo Munúa en un entrenamiento vespertino calcado al que siete días antes se convirtió en el germen de la histórica remontada del domingo ante el filial blanco.

Saltaron los jugadores a las siete en punto al terreno de juego y se encendió la mecha. Hubo un poquito de menos gente que la semana pasada, pero apenas se notó en el ambiente. La fiebre sigue instalada entre la Efesemanía y la 'haka' albinegra que Manuel Sánchez Breis se trajo prestada del Palacio de Deportes de Murcia tras verlo en el UCAM-Gran Canaria de Liga ACB ya sale sola.

El trabajo fue muy liviano, también idéntico al del viernes anterior. Hasta se repitieron los centros desde el costado izquierdo del segundo de Munúa, Cristian Berman, quien debido a la ausencia del lesionado Jesús Álvaro hizo de lateral zurdo improvisado y echó una mano a Luis Mata con los envíos desde la izquierda. En la derecha se colocaron Santi Jara y Óscar Ramírez. Los interiores Cordero, Gracia, Fito Miranda, Carrillo, Moyita, Paim y Rui Moreira chutaron desde el borde del área, mientras que el resto de jugadores, en grupos de tres, fueron los encargados de rematar los balones que mandaban desde ambas bandas Luis Mata, Berman, Jara y Ramírez.

El plato fuerte llegó al final, cuando Munúa dio por acabada una sesión que duró algo menos de 75 minutos. José Manuel Ortiz, ese peñista ejemplar que vive pegado a su bombo, fue el maestro de ceremonias en un ensayo general de ese saludo vikingo que ha llegado a Cartagena para quedarse. Lo hizo todo el mundo: aficionados, jugadores y cuerpo técnico. Manuel Sánchez Breis, su ideólogo, también se encargó de arengar a unos y otros. Al salir del vestuario, un rato después, hubo fotos y autógrafos para todos.