Manuel Sánchez Breis: «No he dejado de ser murcianista, pero seré del Efesé mientras viva»

Manuel Sánchez Breis, mánager general del Cartagena, ayer, en el Cartagonova./ ANTONIO GIL / AGM
Manuel Sánchez Breis, mánager general del Cartagena, ayer, en el Cartagonova. / ANTONIO GIL / AGM

«Desde la muerte de Samper, los que han tenido responsabilidades en el Murcia solo han pensado en crecer ellos, sin pensar en el club», afirma el mánager general del FC Cartagena

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

Pasan unos minutos del mediodía y la lluvia de la madrugada ha dejado paso a un cielo cuajado de nubes por las que de vez en cuando se van filtrando rayos de sol. Calientan, pero por si acaso buscamos cobijo dentro de la cafetería de La Hacienda del Álamo, donde la plantilla del Cartagena ha tenido que acudir de nuevo al no poder utilizar el Cartagonova. El aguacero de la noche anterior lo impide. «Tenemos público», advierto a Manuel Sánchez Breis (Murcia, 1976), director general del Efesé. Nos acompañan Lucía y Antonio, dos alumnos de 1º de Bachillerato del colegio Maristas que quieren estudiar Periodismo y acompañan al redactor durante toda la jornada para acercarse al oficio, dentro de una actividad organizada por el colegio, denominada '24 horas contigo'. «Yo también soy periodista», les cuenta Sánchez Breis a los estudiantes. Se sorprenden. No lo sabían.

-Cuando llega un derbi, supongo que por dentro se le removerá algo más que al resto de los mortales.

-Estoy muy tranquilo, de verdad. Este derbi me lo tomo muy distinto al primero que afronté como mánager general del Cartagena. Es un partido especial, de otra categoría. Es una maravilla que este tipo de partidos existan. Pero ya te digo que estoy calmado. Vivo muy cerca de Nueva Condomina y por las mañanas, cuando me vengo para Cartagena, me acuerdo de que el domingo voy a estar allí sufriendo. Pero, por lo demás, normalidad absoluta. El hecho de que las dos directivas hayamos recuperado la cordialidad y el sentido común en nuestras relaciones también influye a vivirlo con calma.

«Hemos llegado a un acuerdo en cinco minutos. Mira qué fácil era»

-Ya era hora, ¿no?

-Me han dolido cosas que he leído y escuchado en los últimos derbis. Nuestra intención jamás fue perjudicar al aficionado, porque al final en Segunda B vives de él. Siempre quisimos llegar a acuerdos y no se dieron. No voy a entrar en detalles, porque las personas que había en el otro lado ya no están y no podrían defenderse. Lo que sí te digo es que Paco [Belmonte] y yo llevamos tres años y medio en el Cartagena y nuestro reto ha sido siempre crecer de la mano del club. Hemos ido construyendo un proyecto para ir creciendo juntos. En el Murcia, desde la muerte de Samper hasta ahora, los que han estado ejerciendo responsabilidades en el club solo han pensando en crecer ellos. Buscaron protagonismo y notoriedad personal, pero no pensaron en el crecimiento del proyecto. Y eso se ha notado. Con la actual directiva hemos llegado a un acuerdo en cinco minutos. Fíjate que fácil era entenderse con Paco y conmigo. Todo acordado en cinco minutos. Así de sencillo. Nosotros nunca hemos tomado una medida para fastidiar a nadie. Paco y yo no tenemos nada que ver con dirigentes del pasado ni con actitudes pueblerinas que se han visto. Lo que pasa es que en algunos momentos nos hemos sentido atacados y por encima de todo hemos priorizado la defensa de los intereses del FC Cartagena. Es fácil de entender.

«Si la gente empuja como lo está haciendo ahora, se puede salvar. Tiene muchas opciones»

-Pero desde el famoso «odio africano» de José Ángel Serantes tras el derbi de 2010 siempre se ha salido alguien del tiesto en este tipo de partidos. Y hemos terminado viviendo una situación muy curiosa. Toda la paz y la armonía que se ha ido ganando en la grada se ha ido perdiendo en el palco.

-Tampoco me apetece mucho hablar del pasado. Bastante polémica se generó en su momento con todo esto. Estamos en un momento de cordialidad entre ambas entidades y creo que hablar de lo que ha pasado en los últimos años no aporta nada. Solo me preocupa ver al Cartagena que quiero ver y ofrecerle una victoria en el derbi a nuestros aficionados. Eso me preocupa.

«Subir este año será un alivio, pero no cambiará lo que pasó. El día que muera aún lo recordaré»

-¿Ve al Real Murcia esquivando una posible desaparición?

-No tengo toda la información necesaria para contestar a esa pregunta. Lo que sí está claro es que nadie puede decir que el Murcia no tiene solución, más aún viendo lo que estamos viendo en los últimos días. Lo que sí ha hecho el Real Murcia en los últimos años es salir siempre de situaciones muy complicadas. La situación actual es muy crítica, pero si la gente está detrás y empuja como lo está haciendo ahora, de verdad, tiene muchas opciones de poder evitar la desaparición.

-Mi sensación es que el Real Murcia es el único club de la Región capaz de sobrevivir a un momento tan crítico como este. Que si algo así le pasa al Cartagena, al Lorca, al Águilas o al Yeclano, se van al hoyo por la vía rápida. De cabeza.

-Es una situación complicada, pero ya te digo que nadie puede asegurar que vaya a desaparecer. Menos aún, si la gente que quiere al club lucha como lo está haciendo. Por lo demás, te digo que mientras nosotros estemos en Cartagena no nos vamos a ir al hoyo. En eso trabajamos.

«Hay gente que solo sabe hacer daño, pero la mayoría me dice que soy un cartagenero más. Y es un orgullo»

-Cuénteme la historia de su padre y el marcador de la vieja Condomina. De cuándo era un niño.

-Mi padre era empleado de la Caja de Ahorrros del Mediterráneo, que compró el marcador antiguo del Bernabéu y lo instaló en La Condomina. Él era el que ponía el rótulo aquel gigante de ¡Gol! ¡Gol! Todos los domingos que el Murcia jugaba en casa era el encargado del funcionamiento del marcador. Y mi hermano y yo íbamos siempre con él. Nos poníamos en una cabina de Tribuna. Llegábamos con mucho tiempo de antelación y pasábamos por la zona de vestuarios y veías a tus ídolos de cerca. Era una gozada. Por las noches, ya en casa, toda la conversación de la cena, ya con mi madre y mi hermana, era el partido del Murcia. Y casi siempre nos estábamos lamentando de una derrota, sobre todo en los años de Primera.

«Paco cultiva más lo económico y social y yo estoy más cerca del vestuario»

-Mire, como el Efesé. En eso sí que vamos de la mano cartageneros y murcianos.

-Si es que apenas hay diferencias entre nosotros. Vivimos en dos ciudades separadas por 50 kilómetros, con unas rutinas y costumbres muy parecidas. Cambia algo. Que en Cartagena hay mar y puedes irte al puerto a que te dé la brisa, por ejemplo. Pero al final todos somos habitantes de una misma región y de una zona, la del Levante, en la que compartimos virtudes, defectos y preocupaciones.

-Especialmente en semanas como esta, a un lado y al otro del Puerto de la Cadena, le llaman murcianista y usan recurrentemente una foto que usted se hizo hace unos años con una bandera gigante del Real Murcia. No sé si lo hacen con mejor o peor intención. Sospecho que hay más de lo segundo que de lo primero. ¿Le molesta o entiende que esto son gajes del oficio?

-Una de las cosas que más odio en el fútbol es que haya gente que vaya repartiendo carnés. Es una chorrada entrar en los sentimientos de otra persona. Odio que quieran manejar tus sentimientos y que te digan qué es lo que tienes que ser. Siempre me ha gustado que la gente sea del equipo de su ciudad, antes que del Madrid o del Barça. Y yo nací en Murcia y he sido del Murcia. Igual a Silvia, mi exmujer, no le gusta que diga esto. Pero, por ejemplo, yo me separé de ella y la sigo queriendo. La quiero como persona, aunque ya no estemos juntos. Que yo esté en Cartagena no quiere decir que no siga queriendo al Murcia y haya olvidado mis sentimientos hacia el Murcia. Lo que pasa es que las personas evolucionamos. Nacemos y morimos y durante el trayecto de nuestra vida vamos evolucionando. Y no me molesta que pongan mi foto con la bandera del Real Murcia. Lo hice en un momento crítico, al final de la era Samper, con la idea de dar visibilidad a lo que estaba pasando en el club. Lo que me molesta es que se haga con mala intención y también me da rabia que se meta por medio a mi hijo o se me ataque con cuestiones personales. Hay gente que solo sabe hacer daño. Yo tengo un pasado y no me avergüenzo de él. Para nada.

- ¿Se ve en el Real Murcia en el futuro? De directivo. Con mando en plaza. Como ahora en el Efesé.

- No me lo he planteado. No estoy pensando en eso. Yo quiero que el domingo el Cartagena le gane al Murcia, que subamos a Segunda y que un día consigamos estar en Primera y hacer historia. Quiero llevar al Cartagena al sitio al que nunca ha estado. En eso estoy.

-¿Y en Cartagena? Es obvio que le valoran su gestión de estos años en el club, junto a Paco Belmonte, pero es como si su pasado murcianista le invalidara de manera permanente para ser considerado como «uno de los nuestros». ¿O no?

-No tengo esa sensación, para nada. Puedo irme del Cartagena mañana, o dentro de quince años, pero lo que siento es ya para toda la vida. No he dejado de ser murcianista, pero es que voy a ser del Efesé mientras viva. Si dentro de diez años estoy en otro club, no significará que lo que yo he sentido por el Cartagena haya sido una mentira. Ni mucho menos. Al Cartagena lo voy a seguir y lo voy a querer hasta que muera. Porque además lo que estoy viviendo aquí es maravilloso. La gente que he conocido, el cariño que he recibido y el respeto que siento... Eso no tiene precio. Lo que yo percibo cada día en la ciudad es que la gente me considera un cartagenero más y eso es algo que me llena de orgullo. Mucha gente me ha dicho: 'Tú ya eres uno de los nuestros'. Así ha sido. Y en el caso de Paco, lo mismo.

-Se van a cumplir seis meses de lo de Majadahonda. ¿Cómo lo lleva?

-Va por días. Pero eso se queda dentro para siempre. Aunque subamos este año, seguirá ahí. Es más, ascender será un alivio, pero no cambiará lo que pasó en Majadahonda. Creo que el día que me muera, en mi casa o en una cama de hospital, una de las cosas que pasarán por mi cabeza será el gol en propia meta de Míchel Zabaco y el final del partido.

-¿Lo que pasó allí le hace tomarse ahora las cosas de otra manera?

-Cuando llegó Munúa, lo primero que le dije es que sentía mucho que no iba a poder conocerme al 100%. No iba a descubrir cómo era yo en el día a día, para bien o para mal. Porque las 38 jornadas de esta Liga las veo como un mal necesario para llegar al partido del ascenso y conseguir lo que se nos fue por culpa de 30 segundos en Majadahonda. Lo que pasa es que la temporada es muy larga y el día a día te absorbe. Pero te mentiría si no te digo que solo pienso en el ascenso. En ese partido en el que podamos lograrlo de una vez.

-¿Tiene su proyecto fecha de caducidad? ¿Cuánto tiempo pueden aguantar sin subir a Segunda?

-No pienso en que no vamos a conseguir el ascenso. El día de Majadahonda no me di cuenta de perder lo que había perdido hasta que pitó el árbitro. Y entonces te das cuenta de lo que has perdido. Pero vamos a subir. El verano que viene, mirando a la temporada 2019-20, estaremos preparando un proyecto en Segunda. No contemplo otro escenario. En todo caso, nuestro proyecto no tiene fecha de caducidad. Lo hemos demostrado estos años.

-¿Es más feliz ahora o cuando era periodista? ¿Volvería atrás?

-Tengo muy buenos recuerdos de mis años como periodista. Gracias a mi empresa, viví cosas maravillosas y anécdotas muy grandes. Hice lo que me gustó siempre. Lo mío era vocacional y lo disfruté. Pero ahora también soy muy feliz. No volvería atrás ni me cambiaría por lo de antes.

-Con el paso del tiempo, Paco Belmonte se ha quedado más con la parcela institucional y económica y usted se mueve más en las profundidades del vestuario. ¿Es así?

-Paco cultiva más lo institucional y lo económico y yo me encargo un poco más del día a día del equipo. Discutimos mucho, pero al final siempre llegamos a un punto de consenso. Él es el presidente y eso lo tengo muy en cuenta. Pero ya te digo que vamos siempre de la mano. En todo.

-Ya no viaja usted en el autobús del equipo con jugadores y técnicos. Hasta junio, sí. Después de alguna derrota le han dado ganas de coger a algún futbolista de la pechera.

-En los viajes largos ya no vamos en el autobús. Munúa entiende que es mejor que haya intimidad entre jugadores y técnicos y nos pareció bien. Estamos viajando en nuestros vehículos. Lo cierto es que el futbolista sufre cuando pierde. Pero de otra manera. Ellos son jóvenes, tienen mucha responsabilidad y saben que da igual lo que hagamos nosotros. Al final, que el club vaya bien o no depende que ellos ganen partidos. Que vayan en el autobús jugando a las cartas después de una dura derrota no significa nada malo. Es normal.

«Munúa ve el fútbol de manera idéntica a la de Monteagudo»

«La diferencia principal entre Monteagudo y Munúa es que Alberto es mucho más natural. Munúa es más reservado y se relaciona menos con el entorno. Pero en las distancias cortas es un tío espectacular. Lo que pasa es que Munúa ha estado en clubes muy importantes, con mucha repercusión en los medios. Y posiblemente estar tan expuesto le haya convertido en una persona más reservada. Son personalidades muy distintas, pero ven el fútbol de una manera idéntica», explica Sánchez Breis.

 

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