Ahogados en la orilla, otra vez

Gustavo Munúa observa la salida al campo de Julio Gracia, ayer en Ponferrada. / Carlos Castro / LOF
Gustavo Munúa observa la salida al campo de Julio Gracia, ayer en Ponferrada. / Carlos Castro / LOF

El Cartagena se queda con la miel en los labios por tercera campaña consecutiva, lastrado por un bajón que comenzó en marzo

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYACartagena

El Cartagena, por tercera temporada consecutiva, se pasó todo el año coqueteando con un ascenso que tuvo bastante cerca. Pero, de nuevo, murió ahogado en la orilla. Empieza a ser un clásico por estos lares que el equipo ilusione en otoño, vuele durante el invierno y acabe trasquilado en primavera. Esta campaña, tras un primer mes de competición lleno de dudas, salió el sol de una manera tan espléndida como inesperada. El equipo entrenado por Gustavo Munúa se levantó de tal manera que batió registros históricos de imbatibilidad y de triunfos a domicilio. Ganó en campos donde nunca lo había hecho, como Marbella, La Línea de La Concepción y Melilla, e incluso le dio tiempo a remontarle nueve puntos al conjunto nortefricano en las cuatro últimas jornadas de la primera vuelta y proclamarse campeón de invierno.

El Efesé mantuvo su racha hasta marzo, cuando una derrota en una mala tarde en Sanlúcar de Barrameda (3-1) puso fin a una racha de trece jornadas sin perder y cambió la dinámica ganadora de los albinegros. Y desde entonces todo fue bastante diferente. Los albinegros perdieron el juego, la confianza, la seguridad y el gol. Se pasaron seis semanas sin conseguir la victoria y tras sumar 3 puntos de 18 entre las jornadas 28 y 33 permitieron que Recreativo de Huelva y Melilla los adelantaran y tomaran ventaja en la pelea por el primer puesto. El empate en el derbi, con tanto de Chumbi en el minuto 90, dejó un ambiente de funeral en Benipila.

Doble reacción

Cambió Munúa el esquema y pasó del 4-3-3 que tan bien había funcionado durante buena parte del campeonato a un 3-5-2 con el que pudo lograr que el equipo reaccionara. Ganó tres partidos seguidos, ante El Ejido, San Fernando y Marbella, y recuperó la fe en acabar la Liga regular en primera posición. No lo logró porque el Recreativo no falló y acabó el curso con una increíble racha de 22 partidos sin perder. El Efesé, con su lamentable tropiezo en Talavera en la penúltima jornada ante un rival que no se jugaba nada, se condenó a ser segundo. Y terminó segundo. Había que buscar el ascenso por el camino largo.

Las sensaciones negativas no se fueron del todo hasta la tarde de la remontada ante el Real Madrid Castilla. Cuando nadie lo esperaba ya, se levantó de nuevo el Cartagena en un partido para la historia, con milagro e invasión de campo. Se celebró el triunfo como si de un ascenso se tratara. Nadie había remontado un 3-1 en una fase de ascenso a Segunda y lo consiguió el equipo de Munúa. Era la primera gran alegría que se vivía en el Cartagonova en sus 31 años de vida. El ambiente, tristón quince días ante el Linense, había mudado a tremendamente gozoso. Todo se ponía de cara.

Pero la Ponferradina bajó de las nubes a los albinegros y acabó dilapidando todas las esperanzas de una afición que por octava temporada consecutiva tendrá que volver a ver a su equipo competir en la infernal Segunda B. Será complicado que siga en el banquillo el uruguayo Gustavo Munúa, cuyo contrato acaba el 30 de junio y queda penalizado por el mal final de temporada que hizo el equipo. Desde el primer día asumió que el único objetivo posible era ascender. Y lamentablamente no lo consiguió. Él tampoco.

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