Alguna verdad incómoda

Paco Belmonte, en el centro, en el palco del Cartagonova el pasado sábado. /Antonio Gil / AGM
Paco Belmonte, en el centro, en el palco del Cartagonova el pasado sábado. / Antonio Gil / AGM

La fortaleza de este proyecto radica precisamente en la confianza ciega en el entrenador Alberto Monteagudo y en el propósito de los que mandan por convertir de una vez por todas al Cartagena en un club estable y alejado de las turbulencias

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYACartagena

Cuando las cosas se ponen feas y el ruido es ensordecedor, lo que me pide el cuerpo es taparme los oídos y huir de tanto grito. No siempre fue así, pero con los años uno aprende. Y descubre que no sirve de nada querer convencer de algo a todo el mundo durante todo el tiempo. Es una tarea absurda. Además, en mi caso, cada vez me da más pánico pensar que alguien pueda creer que en mis textos exista una pretensión aleccionadora. No obstante, cuando muchos se empeñan en vomitar basura e intentar adoctrinar a base de mentiras comunes y demagogia de andar por casa, siempre recuerdo que una de las cosas que me inculcaron cuando aprendí el oficio de periodista es que uno nunca puede ponerse de perfil (ni siquiera permitir que alguien pueda pensarlo) cuando hay que mojarse hasta la cintura, como poco. Con errores y aciertos, no lo he hecho nunca en los 14 años que llevo disfrutando del trabajo diario en 'La Verdad'. Y hoy, a escasos días de soplar 40 velas, no pienso hacerlo.

Hablemos pues de la situación del Cartagena. De cómo veo el asunto y de cómo algunas verdades, por molestas e incómodas que sean, han sido sacadas del foco por motivos que a veces han sido aleatorios y otras veces, planeados. El club vive los momentos más dulces de su historia en los institucional, lo social y lo económico. Esto es una verdad irrefutable, más allá de que repetirlo una y otra vez te empuje al rincón de los palmeros, los pelotas y los estómagos agradecidos. Es lógico que esto pase en un entorno en el que -con honradas excepciones- el amateurismo y la falta de cualificación siempre ha llevado a muchos a vivir de las migajas y del hedor. Nunca hubo altura de miras y por eso, entre otras cosas, el Efesé lleva medio siglo deambulando por los campos de Segunda B y Tercera.

Defender la gestión de Paco Belmonte es transitar por el camino de la lógica y del sentido común. Nunca se hicieron tan bien las cosas en un club en el que, por otra parte, siempre se hicieron muy mal las cosas. Para mí, que en la primavera de 2015 preferí por encima de cualquier otra la opción de Pedro y Juan Carlos Cordero para el Cartagena, no supone ningún problema reconocer que Belmonte ha solucionado en un tiempo récord los endémicos problemas económicos y sociales del club y que hoy no hay ningún equipo en la Región con más futuro que el Efesé. Al contrario, es una alegría para el espíritu de quien lleva tres décadas sufriendo con las desventuras del equipo de su ciudad.

A Belmonte unos no le perdonan ser murciano. Otros, que hable tan claro y diga siempre lo que se le pasa por la cabeza. Cada uno es libre de poner y quitar las etiquetas que desee, pero yo prefiero quedarme con el Belmonte que paga a la plantilla por adelantado, ha resuelto los problemas con Hacienda y cada año obra el milagro de ingresar medio millón de euros en patrocinios en un club que sigue metido de lleno en el fango de la Segunda B. Yo me quedo con esto.

Vayamos con Alberto Monteagudo. No es Marcelo Bielsa ni la reencarnación en versión manchega de Arrigo Sacchi. Pero es un estupendo entrenador de la categoría. Sus números no me los he inventado yo. El Cartagena tiene un modelo de juego reconocible, atractivo y alegre que mantiene desde hace casi dos años, cuando él llegó para rescatar a un equipo que con Víctor en el banquillo se estaba hundiendo. Para mí, que en febrero de 2016 pedí el fichaje de Eloy Jiménez y acogí con muchas reservas la contratación de Alberto Monteagudo, no es ningún problema reconocer que estaba en un error y que la apuesta por el albaceteño fue muy acertada.

A estas alturas, creo que somos mayoría los que pensamos que con un delantero de 20 goles por temporada el Cartagena hubiera ascendido la pasada primavera a Segunda. Por lo que leo, escucho y veo, la mayor parte de los abonados del Efesé coinciden en que hoy el principal problema del equipo está en el banquillo y que hay que destituir ya mismo a Monteagudo para pelear por el ascenso. Respeto todas las opiniones. Que cunda el ejemplo, por favor. Pero yo no lo veo así. Es más, creo que la fortaleza de este proyecto radica precisamente en la confianza ciega en el técnico manchego y en el propósito de los que mandan por convertir de una vez por todas al Cartagena en un club estable y alejado de las turbulencias.

En este sentido, he perdido un buen rato en contar el número de entrenadores que han pasado por el banquillo del Cartagonova en los 30 últimos años y me he cansado de sumar cuando he superado la cifra de 50. En estas tres décadas, como saben, dirigentes, técnicos y jugadores nos prometieron un ascenso que solo llegó una vez. Fue en Alcoy. En las otras 29 temporadas, nada de nada. Y por aquí pasaron entrenadores de todo tipo. Desde los mejores a los peores, pasando por los regulares, que lógicamente son mayoría en una división como la de bronce.

Pese al inaceptable trastazo del sábado ante el filial del Betis, yo estoy bastante tranquilo. Solo hay un par de cosas que me preocupan. La primera de ellas es que aún no hemos llegado a diciembre y ya van cuatro 'belmontinas', que así hemos querido llamar a esas arengas privadas en las que Belmonte le tira de las orejas a sus jugadores y todos se dicen a la cara cosas que no siempre gusta escuchar. Entiendo que si cada tres o cuatro semanas hay que montar un gabinete de crisis, el mensaje no está calando lo suficiente. Hay problemas, aunque no sé si en el emisor o en el receptor. No tengo ni idea. Pero el mensaje no llega. Y eso me perturba.

Lo segundo que me intranquiliza bastante es que cada vez que Monteagudo ha tenido que tirar de suplentes el nivel del colectivo ha bajado de un modo alarmante. Puede que el 'once' tipo de este año sea mejor que el del curso pasado. Pero desde luego hay menos fondo de armario. Sería ridículo discutir el nivel de jugadores con una larga trayectoria en Primera o Segunda como Dani Abalo o Alberto Aguilar, pero cuando uno los ve con la camiseta del Cartagena es como si hubieran perdido todo el fútbol que una vez tuvieron.

No es solo cosa de dos futbolistas, por supuesto. Es clamoroso que el equipo B del Cartagena está a años luz del equipo A. Y parece evidente que Belmonte irá al mercado de invierno y hará una revolución parecida a la que ya ejecutó -con menos motivos y poca fortuna- hace doce meses. Todo el mundo, con sus filias y sus fobias, emite veredictos y señala a los que deben irse y los que deben quedarse. Demasiados lo hacen desde el anonimato o, lo que es peor, el oportunismo. Yo no lo haré porque no tengo todos los elementos de juicio, no es mi cometido y no soy ni director deportivo ni entrenador. Solo soy un tipo que un día aprendió que un periodista nunca debe ponerse de perfil. Eso soy.

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