Efesé

Tres pecados para una crisis

Los jugadores del Efesé durante el entrenamiento de ayer. /J. M. Rodríguez / AGM
Los jugadores del Efesé durante el entrenamiento de ayer. / J. M. Rodríguez / AGM

Excesiva autocomplacencia, relajación tras el triunfo en Talavera y pérdida de la identidad futbolística explican el preocupante hundimiento del Cartagena en el último mes

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYACartagena

Todo iba de maravilla hasta que se torció de un modo abrupto, sin que nadie lo esperara. El Cartagena se ha hundido en el último mes y emite señales muy preocupantes. Cuatro partidos sin ganar a pesar de haberse enfrentado a rivales bastante asequibles, un solo tanto anotado en las cuatro últimas jornadas, muy pocos remates peligrosos por partido y una sangría de puntos que han hecho que los jugadores de Alberto Monteagudo caigan al décimo puesto, un lugar muy alejado del que le corresponde a un equipo hecho para ser campeón de grupo y ascender a Segunda A.

Paco Belmonte y Manuel Sánchez Breis, responsables de la entidad, se encerraron ayer en el vestuario local del Cartagonova con jugadores y técnicos y entre todos hicieron terapia de grupo para intentar salir ya mismo de esta situación. El mensaje de los que mandan en el club es de «tranquilidad» y «confianza». Y es que un sector cada vez más mayoritario de la afición pide un cambio en el banquillo, algo que no pasa por la cabeza de Belmonte.

Al contrario, aquella famosa frase en la previa ante el Recreativo de la última jornada de la pasada Liga -«si perdemos 0-23 contra el Recreativo, Alberto Monteagudo seguirá siendo el entrenador del Cartagena», soltó entonces Belmonte- tiene hoy la misma vigencia que hace cinco meses. El caso es que la situación, sin llegar a ser alarmante, sí que preocupa a todo el cartagenerismo. Lo primero es ir a la raíz del problema y hay tres claves que pueden explicar de una manera condensada las causas de esta crisis.

El mensaje de Belmonte y Breis es de «confianza y tranquilidad» y el crédito de Monteagudo sigue siendo elevado

1. Autocomplacencia

Los futbolistas del Cartagena se saben superiores al 80% de los rivales. Un vistazo a la composición de la plantilla albinegra basta para darse cuenta de que más o menos la mitad de los jugadores que están a las órdenes de Alberto Monteagudo podrían jugar perfectamente el año que viene en Segunda A si hay ascenso de categoría. Y eso no puede decirse en ningún otro equipo del grupo IV, salvo en los casos de Extremadura y Real Murcia.

Esto, que en principio es una clara ventaja con respecto al resto de competidores, ha terminado volviéndose en su propia contra en el último mes. Así, mientras todos los rivales esperan al Cartagena con el cuchillo entre los dientes, lo ven como el gran enemigo a batir y juegan al 120% contra el Efesé, los pupilos de Alberto Monteagudo están mostrando una peligrosa y excesiva autocomplacencia y una actitud muy poco propicia para ir sumando de tres en tres cada jornada. Mientras los rivales dan bocados, los albinegros juegan con el freno de mano echado, con un aire de superioridad que se está volviendo en su contra. Solo hay que echar un vistazo a lo que ha sucedido en los últimos partidos ante Villanovense, Mérida, Córdoba B y Marbella.

La autocomplacencia llega por una doble vertiente. Primero, porque Cartagena es un lugar idílico para cualquier futbolista. Se cobra por adelantado, el clima es maravilloso, la ciudad invita a vivir relajado, en el Cartagonova uno se siente futbolista y la presión en el día a día es casi nula comparada con la que existe en plazas similares, como Murcia, Elche, Alicante, Huelva o Santander. Y segundo, por las propias características de la plantilla, donde apenas hay líderes naturales. El sevillano Moisés sería lo más parecido a un capitán con galones y que es escuchado por los demás.

El optimismo, a veces, es negativo. Y en el Cartagena hay muchos jugadores que siempre se quedan contentos con lo que hacen en un partido, jamás ven la viga en el ojo propio y sí la paja en el ojo ajeno y nunca se consideran culpables de lo que le pueda pasar al colectivo. Eso debe cambiar de manera urgente si este equipo (como bloque unido y sólido) quiere conseguir los objetivos ambiciosos que se marcó al inicio de la temporada.

2. Relajación

La realidad es que el inicio de campaña fue vertiginoso, con ocho partidos en solo cinco semanas y con tres finales a vida o muerte en una Copa del Rey que en el club se fijó como prioritaria por aquello de cuadrar el presupuesto y lograr unos beneficios económicos que incluso hicieran llegar a junio con superávit. Lamentablemente, eso no pasará porque no salió la bola del Madrid ni la del Barça, sino la del Sevilla. Y el horario y el día del partido de ida (martes 24 de octubre a las 19.30 horas) invitan al pesimismo. Pero los jugadores, eso sí, cumplieron con su cometido en tres durísimos encuentros contra UCAM, Mirandés y Talavera de la Reina.

La sensación que deja lo sucedido en este último mes (dos empates y dos derrotas en la Liga) es que los jugadores entrenados por Alberto Monteagudo llegaron a la cima de su particular Everest en El Prado, con aquel histórico gol de Jesús Álvaro en la prórroga. Y conseguido ese primer gran objetivo del año, el personal respiró y se tomó un descanso. Salvo los centrales Josua Mejías y Moisés, que han mantenido su buen nivel, ni un solo futbolista de la plantilla ha seguido dando el tono que mostró en el primer mes de competición, saldado con tres victorias y un empate en la Liga y dos triunfos de prestigio en la Copa del Rey.

Hay casos particulares que preocupan más que otros, pero en general se puede decir que el equipo (como grupo) se ha dejado ir en las últimas cuatro jornadas, como tomándose un respiro y esperando que lleguen las grandes citas de próximas semanas. Esto es muy peligroso, ya que antes del encuentro ante el Sevilla hay dos partidos que van a ser muy determinantes, este domingo ante el San Fernando y el siguiente en el campo del actual líder, el Granada B. Y antes del derbi contra el Murcia habrá nueve valiosos puntos en juego, contra Las Palmas Atlético, Jumilla y Extremadura. Estar en puestos de ascenso no depende solo de lo que se haga en los grandes partidos. Al revés, ante rivales como Villanovense, Córdoba B o Jumilla se ganan y se pierden ascensos.

3. Pérdida de identidad

Si en algo ha destacado el Cartagena de Monteagudo durante los 20 meses que lleva el técnico manchego en el banquillo es por enseñar un estilo de juego vistoso, alegre, ofensivo y claramente reconocible. Lo preocupante de esta crisis es que a diferencia de la única que conocimos con Monteagudo al frente (la del tramo final de la pasada Liga regular) el equipo ha perdido sus señas de identidad. Ha desaparecido el juego y la idea de fútbol asociativo y combinativo que siempre tuvo con Monteagudo. El año pasado, salvo en la catastrófica derrota en La Línea de la Concepción que hizo peligrar el 'playoff', el Cartagena jugó, tocó y sometió por fases a sus rivales, incluso en partidos que acabó perdiendo o empatando en la segunda vuelta. Su bajón se debió a la falta de gol de Arturo y de todos sus acompañantes en ataque. Pero nunca perdió el fútbol. Siempre se vio claramente lo que proponía. A pesar de la crisis de resultados y de confianza, el modelo quedó intacto.

Es ahora cuando el dibujo ha quedado difuminado, por las rotaciones, las lesiones de jugadores importantes como Chavero y Cordero y la llegada de futbolistas que debían ser muy importantes (como Dani Abalo, Aguilar o Kuki Zalazar) y que todavía no han asomado. Monteagudo tuvo que rescatar el sistema de cinco defensas en Marbella porque en los cuatro partidos anteriores su equipo había sido un desastre.

Contra el Córdoba (es cierto) se crearon oportunidades de gol, aunque fue más por empuje y arreones individuales de Óscar Ramírez, Jesús Álvaro y Álvaro González que fruto del juego colectivo. Pero es que ante Villanovense, Talavera y Mérida el Efesé fue incapaz de chutar ni una sola vez entre los tres palos en los 90 minutos reglamentarios. Contra el Marbella lo hizo una sola vez. Es un bagaje lamentable para un equipo que tiene al jugador más talentoso de la categoría, Cristo Martín, y a futbolistas de la talla de Aketxe, Hugo Rodríguez, Chavero, Álvaro González, Poley o Dani Abalo.

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