La sonrisa de Deseado

Deseado Flores posa con Biel Ribas, el pasado domingo en Mallorca.
Deseado Flores posa con Biel Ribas, el pasado domingo en Mallorca. / Real Murcia

En el Cartagena no le vi reír jamás. Ahora está feliz. Eso sí, le importa un bledo mentir si al final consigue lo que se propone

FRANCISCO J. MOYA.

En los once meses que estuvo presidiendo el Fútbol Club Cartagena no le vi sonreír jamás. Alguna vez bromeé con él sobre eso y le pregunté, de cachondeo, si era verdad aquello de que a los albaceteños les cuesta más esbozar una sonrisa que al resto de los mortales. En todas sus comparecencias aparecía tenso, serio y con un evidente gesto de cierta desconfianza. No fue posible sacarle una foto en la que se riera. En ningún acto, por liviano que fuera, se relajaba. Así fue siempre, desde su primera hasta su última aparición pública en su corta etapa en el Efesé. Así llegó y así se marchó Deseado Flores.

Jamás le vi sonreir hasta que el pasado martes por la noche el Real Murcia publicó por sopresa esa foto de su actual 'fichador' y gestor plenipotenciario, con poderes incluso superiores a los del presidente grana Raúl Moro, junto al portero Biel Ribas, con el Mediterráneo de fondo. La hizo la pareja del guardameta que fue del UCAM, que rechazó al Cartagena y que será del Real Murcia. Los tres estaban en Palma de Mallorca, hasta donde Deseado viajó en secreto para levantarle a Paco Belmonte un fichaje que es mucho más que un fichaje.

Y entonces, como por arte de magia, apareció la sonrisa de Deseado. La nunca antes vista. Miraba a la cámara y se reía como nunca antes lo había hecho, al menos en público. Miraba a la cámara pero realmente miraba a otro sitio. Su cuerpo estaba en Mallorca pero su mente estaba en Murcia. «Aquí me tienes, Paco. El hostelero, el comercial, el que no conoce el mercado, el que no sabe negociar, el principiante...». Realmente todo eso quería decir el gestor del club grana con la sonrisa que nunca antes había exhibido. Era el triunfo del despechado. Era la venganza, en plato frío, del ninguneado.

Esa sonrisa burlona de Deseado Flores me transportó al dedo de José Mourinho en el ojo de Tito Vilanova en aquel ignominioso Barça-Madrid de hace unos años en el Camp Nou. No me pregunten el motivo. Pero una cosa me llevó a la otra. Aquello de Mourinho fue la confirmación definitiva de que los roles habían cambiado. El Barça, que toda la vida estuvo enfermo de 'madriditis', era entonces el modelo a seguir. El Madrid, que siempre había sido más grande que el club catalán, padecía de 'barcelonitis' y se ponía en manos del mismísimo 'diablo' para cambiar las tornas. El tiempo ha demostrado que el Madrid, con su señorío y grandeza de toda la vida, es capaz de ser el Madrid de siempre -el campeón de todo- sin necesidad de recurrir al juego sucio y la provocación.

Si se me acepta el símil, en Cartagena hemos tenido siempre mucha 'murcianitis'. Dejando a un lado asuntos políticos e identitarios, que nos darían para escribir unos cuantos libros de abusos e injusticias a menudo en la misma dirección (norte-sur), en lo futbolístico el Efesé históricamente ha sido menos que el Real Murcia. Y eso nos ha hecho mirar siempre demasiado a nuestros vecinos del norte. Lo curioso es que en los últimos tiempos, especialmente desde el 1-4 de 2009, la película ha ido cambiando. En el Murcia se ve ahora al Cartagena como a un enemigo. Ambos están al mismo nivel. Y eso nunca fue así.

La llegada de Deseado Flores al Real Murcia ha agudizado la 'cartageneritis' en Nueva Condomina, curiosamente más por una cuestión de venganza personal que de rivalidad deportiva. El caso es que, desde que entró en el Murcia, Deseado se ha especializado en tres cosas: fichar buenos jugadores, ofrecer sueldos inasumibles en Segunda B y mantener a diario un discurso en el que se aprecia un temerario desprecio hacia la verdad. A Deseado le importa un bledo mentir a todo el mundo y durante todo el tiempo si consigue lo que se propone. Alguien debería recordarle, no obstante, que si le pierdes el respeto al fútbol, al final lo pagas. Ley no escrita. Y luego está la gran pregunta. ¿Quién pagará esta 'fiesta' que va ya por 47 millones? A él eso no le preocupa. La historia nos dice que el Murcia siempre sale a flote. No lo dejarán caer. Mientras tanto, Deseado ríe. Está feliz. Le sobran los motivos.

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