Radiografía de un sueño frustrado

Manuel Sánchez Breis y Paco Belmonte, entre lágrimas, saludan desde el césped del Miniestadi a los aficionados del Cartagena que se desplazaron el pasado sábado a Barcelona. / LOF

La falta de gol deja sin ascenso al Cartagena, el eterno aspirante del grupo IV, que este año ha desperdiciado una oportunidad histórica

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYACartagena

Con Cádiz, Sevilla Atlético y UCAM recién ascendidos, seis de los ocho equipos de capital de provincia de Andalucía en el fútbol profesional y los históricos Recreativo de Huelva, Real Jaén y Real Murcia inmersos en graves crisis financieras e institucionales, al Cartagena, el eterno aspirante al ascenso del grupo IV de Segunda B, se le presentaba al principio de esta campaña que acabó el sábado en Barcelona una oportunidad histórica para ascender a Segunda A. Menos competencia que nunca. Menos candidatos que nunca. Campo abierto para ir haciendo camino. Acertó su dueño, Paco Belmonte, renovando a once jugadores, manteniendo al entrenador Alberto Monteagudo y partiendo con ventaja con respecto a sus competidores, que lo cambiaron absolutamente todo durante el verano. Sobre el papel, todo estaba bien trazado. En agosto, el viento soplaba a favor de un Cartagena rehabilitado en lo económico y potenciado en lo deportivo.

Así, empezó el curso como debía, con muchas victorias y una sensación nítida de que el Cartagena estaba hecho para ser campeón. Lo tenía todo. Casi todo. Más adelante se comprobó que le faltaba una cosa, la más importante en este deporte, eso sí. Le costó alcanzar el liderato porque el Marbella de Mehdi Nafti apareció de la nada para encadenar triunfos uno detrás de otro y dificultar el asalto del Efesé al primer puesto. Pero la cosa pitaba. La grada se divertía en el Cartagonova como no lo hacía desde tiempos de Juan Ignacio Martínez, la gente hacía la ola la tarde en la que los albinegros le metían cinco a La Roda y se intuía ya que el Efesé iba a ser un hueso a domicilio. De hecho, en la primera vuelta solo perdió en El Ejido y en Jaén. Al final, ha terminado ganando en 11 de sus 21 desplazamientos. Una pasada.

Sus siete atacantes estuvieron sin marcar durante 16 jornadas, un problema que lastró al equipo en el tramo finalMonteagudo resucitó a sus jugadores en el 'playoff', donde los albinegros se estrellaron de nuevo por su falta de pegada arriba

No obstante, todo no era de color de rosa. Pronto se vio que ni Arturo ni Fernando tenían la flecha hacia arriba. Goleadores a tiempo parcial, uno en La Roda y otro en el Efesé de Tevenet, ambos llegaban al Cartagena tras un par de temporadas aciagas. Pero Belmonte apostó por ellos, por su bagaje, su experiencia, su precio y su cartagenerismo. Ninguno funcionó, pero el equipo batió récords hasta Navidad, sumó 40 puntazos en la primera vuelta y se convirtió en un líder muy sólido. Afortunadamente, aparecieron desde la segunda línea Juanlu Hens y Cristo Martín para hacer 14 goles (7 cada uno) y sacar partido al excelente funcionamiento colectivo. Los delanteros apenas marcaban. Aún así, teoría y prática iban de la mano.

Sin embargo, llegado enero, el Cartagena evidenciaba algunos síntomas preocupantes. Chus Hevia, otro que había vuelto a casa por su más que asumible precio de mercado y el nivel mostrado dos años antes, tampoco marcaba goles. Óscar Rico (un regreso más) no era el exterior desequilibrante de tiempos pasados. Juanlu Hens se había apagado. Sergio García, como el año anterior, volvía a estar desaparecido en combate. Y Sergio Jiménez, de nuevo con problemas en la rodilla, no era el pivote defensivo que todos conocemos. No se podía contar con él y Monteagudo tuvo que recurrir al parche de Gonzalo Verdú. Le salió de maravilla. Menos mal.

Así las cosas, el equipo empezó a tener muchos problemas para sacar adelante los partidos de casa. Empató (y gracias) con Villanovense y Balompédica Linense y perdió ante el Córdoba B dos semanas antes del cierre del mercado de enero. Belmonte optó por una revolución que pocos esperaban y cambió el 25% de la plantilla. Trajo a Isi Ros, Artiles, Llorente, Juan Antonio Ros y Germán, pero no fichó al delantero que necesitaba como el comer desde septiembre. Y tuvieron que irse Chus Hevia y Óscar Rico.

Es cierto que en ese mes de enero Arturo marcó tres goles seguidos, ante Córdoba B, Mancha Real y El Ejido. Pero ahí se quedó y no volvió a marcar nunca más. Fernando, debido a problemas extradeportivos, tuvo que irse a Filipinas. No podía seguir en el Efesé. Y también es cierto que Belmonte tiró la casa por la ventana para traer de vuelta a Thierry Florian, a quien ofreció más de 400.000 euros por tres temporadas. El francés, a última hora, le dejó plantado para irse a Chipre a ganar un dineral. Todos los demás delanteros que Belmonte quiso fichar se fueron quedando por el camino, por una u otra razón, y por ahí la herida empezó a volver a sangrar.

Curiosamente, en la segunda vuelta hizo dos partidos estratosféricos el equipo de Monteagudo. En Lorca y en Granada. Ganó en el Artés Carrasco 0-1 cuando debió hacerlo 0-4. Fueron tres puntos estupendos, pero hubiera sido distinto salir de allí con una goleada histórica. Empató en Los Cármenes un partido que debió ganar 1-4. El Cartagena jugaba como los ángeles, pero se dejaba puntos por el camino de un modo muy absurdo por su falta de gol. Acabado el curso, uno repara en que ha sido un auténtico milagro llegar vivo al último minuto de las semifinales del 'playoff' con un equipo en el que ninguno de sus siete atacantes (no fue cosa solo de Arturo) ha marcado un gol durante 16 jornadas, casi toda la segunda vuelta. Una estadística demoledora, para echarse a llorar.

La falta de gol, el principal y casi único motivo por el que el Cartagena tendrá que competir de nuevo la próxima temporada en el pozo de la Segunda B, derivó en un problema de falta de confianza de los jugadores, un virus que empezó por los delanteros y se fue extendiendo hacia atrás, alcanzando incluso a la portería, donde vimos como una rareza a Limones haciendo de suplente por vez primera en cuatro años. Perdido el gol y la confianza, el buen juego también se esfumó. Perder el derbi ante el Murcia en el Cartagonova (1-3) fue un mazazo, pero mucho peor fue recuperar el liderato tras los ajustados triunfos ante Jaén y Sanluqueño y consentir que el Lorca, que tocó fondo y cambió por segunda vez de entrenador, resucitara de nuevo y acabara primero.

Las cinco últimas semanas de la Liga regular fueron un desastre y la sensación es que el Cartagena se hubiera quedado fuera del 'playoff' si se hubiera disputado una jornada 39. No obstante, acabado el suplicio, a Monteagudo cabe imputarle el mérito de ser capaz de recuperar a un equipo cadavérico y regalar a su gente un 'playoff' muy bueno. Cambió el sistema, devoró al Alcoyano y mereció eliminar al Barça B. Pero regresaron sus problemas de falta de pegada (realmente nunca se fueron) y se va de la promoción habiendo ganado en los campos de los dos mejores equipos del grupo III, a priori el más fuerte de todos. Es un tristísimo consuelo, porque lo único que importa es que el Cartagena se va antes de tiempo. Y lamentablemente dice adiós al ascenso sabiendo que lo tuvo en su mano y que no sabemos si el año próximo lo volverá a tener tan cerca.

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