Fútbol | FC Cartagena

El primer gol lo metemos nosotros

Seis familias unidas por el Efesé, en el Cartagonova. / J.M. Rodríguez / AGM

Seis familias completamente albinegras cuentan por qué eligieron ser del Efesé y esperan celebrar este domingo un histórico ascenso que seque las lágrimas de Majadahonda

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYACartagena

Marta Garrido tiene 29 años y está convencida de que esta tarde -por fin- saltará de alegría, junto a su hermana Elena, de 21, y su padre Salvador, de 52. Hace 19 años que su padre la llevó por vez primera al Cartagonova. No era fácil entonces, ya que por motivos de trabajo la familia Garrido residía en Ciudad Real. «Fue la primera en la frente. Viví el partido muy ilusionada, con el estadio a rebosar. Y terminé llorando, como todos», recuerda Marta, quien eligió para estrenarse como albinegra la fatídica noche del 'Cordobazo'. Ella, como su padre, trabaja en la Refinería de Escombreras. Su hermana acaba de terminar Enfermería. Ambas, desde muy pequeñas, siguieron el camino de Salvador, un indómito cartagenerista que incluso durante los 11 años que vivió fuera de su ciudad siempre estuvo pendiente del equipo de su vida, del que se enamoró siendo un niño en el Almarjal.

«Para mí el Cartagena es una religión. Nos hemos llevado muchos palos y nos merecemos celebrar todos juntos un ascenso en casa. Es una alegría que mis hijas me sigan». Salvador Garrido, 52 años

Aquellas lágrimas de Marta se parecieron mucho a las que derramó en el Cerro del Espino hace ahora cuatro domingos el pequeño Aitor Rubio, de 10 años. «El dolor que siente un niño de 10 años no tiene nada que ver con el de un hombre de 30. Pero el pobre lloró muchísimo. Al terminar el partido y verme a mí y a todo el grupo, él se daba cuenta de que algo gordo, y muy malo, había pasado. Yo soy hombre de pocas palabras, pero tampoco hacía falta decir mucho. Con mirarme, él ya sabía lo que había ocurrido. Yo no quería llevármelo a Majadahonda, pero él me amenazó desde el lunes», cuenta su padre, Raúl Rubio, de 40 años. «Lo traigo al Cartagonova desde que era un bebé. Iba de mano en mano por el Lateral Alto», añade. «Yo de pequeño vivía en Soldado Rosique y recuerdo la inauguración del Cartagonova. Antes, mis padres hicieron amistad con Fernando Rodríguez, un argentino que jugó en el Efesé. Y me colaba en el césped y me hacía fotos con el equipo. Jugué en las bases del Cartagena y toda mi infancia estuvo ligada al Efesé. Lo mismo está pasando ahora con mi hijo», explica Rubio, impulsor junto a Simón Hurtado de unas tertulias de aficionados que ahora se emiten en 'Radio Marca' y que en muy poco tiempo se han convertido en un referente de la información radiofónica relacionada con el Efesé.

«Aboné a mi hija antes de apuntarla en el Registo». «Mis hijas me cuentan que en el instituto solo hablan de Messi y Ronaldo. Les digo que ellas hablen del Efesé». Pencho Angosto, 47 años

El de esta tarde no es un partido más. Es la primera vez en este siglo que el Cartagena se juega un ascenso en el Cartagonova. Por tanto, hoy las órdenes desde el banquillo no las da solo Alberto Monteagudo. Las darán también los 13.000 aficionados cartageneros que habrá en las gradas. Los saques de esquina no serán cosa solamente de Hugo Rodríguez o José Gaspar. Es cosa de todos. Como los saques de banda. Como esa tande de penaltis agónica que podríamos vivir si el partido y la prórroga termina con el mismo marcador de hace siete días en Almendralejo.

Primero, el Efesé

Viendo lo sucedido en este 'playoff' y recordando todo lo malo que le ha pasado al Cartagena en su historia, aquello por lo que lloró Marta hace mucho y ha llorado Aitor hace poco, es incluso lógico que un hijo pueda formular en público la pregunta que ningún padre quiere escuchar. «¿Papá, por qué somos del Efesé?». Pencho Angosto, de 47 años, es posiblemente uno de los que mejor puede contestarla. «Mis hijas [Celia, de 16, y Patricia, de 14] me cuentan que en el instituto sus amigos solo hablan de Messi y de Ronaldo. Yo les digo que ellas hablen del Efesé. Y los van convenciendo. En este 'playoff' sí que hablan del Cartagena en clase. Yo les metí de pequeñas el amor por el equipo de la ciudad. Y lo primero es el Efesé. Ahora son ellas las que no quieren perderse ni un partido ni un viaje. En casa tuve una crisis importante porque me fui a Vigo y no las dejé venirse. Estaban de exámenes y era una paliza. Decían que no había derecho. Y eso que fue solo una semana después de lo de Majadahonda, donde lloraron mucho y se llevaron su primer gran palo por culpa del fútbol. A mi me dolió en el alma e incluso te preguntas si merece la pena. Pero enseguida te repones», explica Pencho, quien estuvo con su padre y su abuelo, cuando tenía solo 11 años, en Torrejón de Ardoz, viviendo en primera persona el ascenso de 1982.

«Soy talismán. Si falto, perdemos». Elena Garrido, 21 años

El perfil de la familia Martínez Uriarte es distinto. El padre, Juan, tiene 48 años y es burgalés. Es ginecólogo y vino a Cartagena en 2005, para trabajar en el Naval. Hoy lo hace en el Santa Lucía. «Cartagena tampoco es Nueva York y una de las cosas que me sirvió para ir conociendo gente fue el Efesé. Empecé a venir al Cartagonova el año del ascenso de Alcoy, con mis hijos mayores. Y ahora venimos todos y la verdad es que hemos hecho amigos y estamos bastante implicados», señala. Domingo, de 19; Francisco, de 17; Teresa, de 13; y Juan, de 10, son sus cuatro hijos. «El día de partido no hay debate. Venimos todos. Y en casa hablamos de todo, pero es verdad que esta semana cuesta sacar un tema que no sea el del partido contra el Extremadura», confiesa el doctor Martínez Uriarte.

«Mi hijo de 7 años empieza ya a vivirlo como yo. Ahora hay que reclutar al pequeño». David Gutiérrez, 39 años

Su hijo mayor, Domingo, nació en Burgos, pero nunca ha estado en El Plantío y admite que no ve los partidos del Burgos. Lleva desde los 6 años en Cartagena y se considera, al 100%, albinegro. Dice que en el instituto «hay de todo», pero «en nuestro entorno sí que tenemos muchos amigos que son socios del Efesé y que vienen siempre al estadio. Es verdad que hay algunos del Barça o del Madrid que te dicen que no vamos a subir y todo eso, pero también hay muchos que están toda la semana deseando que llegue el partido contra el Extremadura».

«Hay que creer»

Hay 'quemasangres' en todos sitios, porque esto de ponerse la venda antes de sufrir la herida es bastante cartagenero. Lo confirma Salvador Garrido, en cuyo día a día en la Refinería de Escombreras nunca faltan las tertulias con compañeros sobre el Efesé. «Con todos los antecedentes que tenemos es normal que haya pesimismo, sobre todo cuando hablas con esos 'quemasangres'. Pero hay que creer en la remontada y los que de verdad sentimos estos colores estamos convencidos de que podemos eliminar al Extremadura y por fin celebrar un ascenso en el Cartagonova», apunta. «Yo es que estoy rodeada de murcianos en el trabajo y todos los días tengo que soportarlos como buenamente puedo», tercia resignada su hija mayor, Marta.

«Llevamos seis años esperando». Familia Martínez Uriarte

«Me colaba en el Almarjal y desde niño se creó ese sentimiento. La desaparición del Cartagena en 1995 supuso para mí un trance. Me pilló fuera y fue un momento complicado. Volví en 2001 y, para mí, el Cartagena es una religión. Afortunadamente, mis hijas me siguen. Viví el ascenso de Torrejón, desde aquí. Estuve en Alcoy y después de ese ascenso fue cuando mis hijas se hicieron muy fanáticas. Y este domingo quiero que lo celebremos juntos, en nuestro estadio», resume Salvador.

David Gutiérrez tiene 39 años y tampoco es cartagenero. «Soy de Jaén y toda mi familia es de allí. Mi padre no era de aquí, pero yo siempre le pedía que me llevara al Almarjal y luego al Cartagonova. En cuanto cumplí los 17 años y tuve algo de capacidad económica me aboné. Y soy socio de manera ininterrumpida desde hace 21 años. A mi hijo mayor, Álvaro, a base de machacarlo, lo he convencido. Tiene 7 años y ya empieza a vivirlo como yo. Ahora mismo esto es ya un sentimiento para él. Al pequeño, Pablo, aún tengo que reclutarlo. Pero lo haré», pronostica entre risas.

«No somos de aquí, pero apoyamos al Cartagena como si fuéramos de aquí. Se ha creado un vínculo y todos tenemos ese sentimiento albinegro. Este año no se nos puede escapar el ascenso. Llevamos seis años esperando». Domingo Martínez, 19 años

Es optimista de cara al duelo de esta tarde. «Estuve en Majadahonda y nos llevamos un palo muy gordo. Pero soy optimista. Además, es que tengo un as guardado en la manga. He estado en todos los partidos de ascenso y nunca hemos subido, salvo en el de Alcoy. Y es el único en el que ha estado mi mujer [Laura]. No iba a entrar al campo, sobraba una entrada, entró y pasó lo que pasó. Así, el lunes pasado le compré una entrada y le he obligado a venir este domingo, aunque ella no suele acompañarnos al fútbol. Espero que nos vuelva a traer suerte», cuenta divertido David, mientras su hijo Álvaro tira penaltis con los más pequeños de las otras familias.

«Me vine abajo en Almendralejo». Marina Ruiz, 22 años

Pesimista -mucho- era Marina Ruiz, de 22 años, hace siete días al terminar el partido de Almendralejo. Ya se ha repuesto de aquello. También estuvo en Vigo y en Majadahonda, donde se llevó el golpe «más duro» que le ha dado el fútbol. Como en el resto de casos, su pasión albinegra le viene heredada, de familia. Su padre Agustín, de 55 años, ponía «la radio del coche todos los domingos a las cinco de la tarde para escuchar los partidos de fuera de casa». A los 7 años ya estaba ella correteando por el Cartagonova. Su primer ídolo fue Sívori. Tras el ascenso de Alcoy, ella fue una de las impulsoras de 'Marea Albinegra'. Y ahí sigue. En pie. Y con la garganta preparada.

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