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Paco Belmonte
Paco Belmonte / Martínez Bueso / AGM

Fútbol | FC Cartagena

Dos años de luces y algunas sombras

  • El segundo aniversario de Belmonte en el Cartagena coincide con un momento de dudas por el bajón en el rendimiento del equipo y un aluvión de críticas a Alberto Monteagudo, el entrenador con el que levantó el vuelo un proyecto que nació cuando el club se iba a Tercera. La deuda ha bajado un 77%, la masa social ha subido en 2.600 socios y los ingresos por patrocinios se han disparado hasta el medio millón de euros

Hoy se cumplen dos años de la llegada de Paco Belmonte al Cartagena. En la tarde del 26 de abril de 2015, el murciano acudía a un notario con los anteriores dirigentes del club, los valencianos Javier Martínez y Javier Marco, y se quedaba con el 100% de las acciones de un club que debía 4 millones de euros y ocupaba plaza de descenso a Tercera a falta de cuatro jornadas para el final de la Liga. La historia de estos 24 meses ya es suficientemente conocida, pero se trata de hacer balance y de dibujar el escenario al que hemos llegado en esta nueva era llena de luces y salpicada de algunas sombras, fundamentalmente en lo deportivo, que en estos momentos preocupan a los aficionados albinegros.

Hay que empezar por lo último. Porque esta semana de segundo aniversario de la 'era Belmonte' no puede ser menos festiva. No hay nada que celebrar, ya que el Efesé encajó el pasado domingo en Villanueva de la Serena su peor goleada del año, en una tarde en la que volvió a desaprovechar una fabulosa oportunidad de quitarle el liderato al Lorca. Desde que llegó Belmonte, el Cartagena ha ganado 31 partidos, ha empatado 30 y ha perdido 18. La media es de 1,5 puntos por jornada y la diferencia es abismal entre el pasado ejercicio, cuando el equipo nunca estuvo entre los cuatro primeros y sufrió para clasificarse para la Copa del Rey, y el actual, en el que los albinegros siempre han sido primeros o segundos.

El Cartagena ha hecho una segunda vuelta discreta, aunque en el club ya sospechaban que tras la Navidad iba a ser difícil mantener el ritmo de puntuación de la primera vuelta (40-23 es el saldo hasta el momento). Belmonte renovó a once jugadores en verano y mantuvo la base de una plantilla que con Monteagudo había terminado como un tiro la Liga anterior (seis victorias, ocho empates y una sola derrota).

Esa inercia positiva se sumó a que los tres principales rivales cambiaron toda su plantilla y empezaron fatal. Murcia, Mérida y, en menor medida el Lorca, arrancaron mal la temporada y el Efesé aprovechó el primer tramo del campeonato para abrir un hueco que ha terminado siendo decisivo. Aunque el Cartagena solo ha sumado 11 puntos de 24 en los ocho últimos partidos en el Cartagonova, hoy está a tiro de un partido del liderato y sumando tres puntos en las tres últimas jornadas sellará su pase matemático a la promoción de ascenso. Todo eso se gestó en una gran primera vuelta.

Belmonte, que entró en el proyecto con el visto bueno de Felipe Moreno (dueño del Leganés), adelantó su llegada un mes porque el Cartagena se iba a Tercera. Aquello era un drama, pero a Belmonte le vino bien para presionar a Martínez y Marco y obligarles a renunciar por la vía rápida. Había otros que miraban con mucho interés lo que sucedía en Cartagena, como los hermanos Cordero, pero nadie se movió como Belmonte en aquellas semanas decisivas.

La victoria en Jaén, con los goles de Carlos Martínez y Migue y la rajada de Rafa Berges, y la milagrosa salvación en Gran Canaria fue el princioio de todo. Pese a ello, el murciano sacrificó a Manolo Palomeque, al entender que Víctor era el entrenador que necesitaba el proyecto para crecer en lo deportivo y en lo social. En lo segundo, dio en la diana. En lo primero, el fracaso fue tan evidente que Belmonte y Víctor se vieron obligados a separar sus caminos en una renuncia del ténico que se adelantó a una destitución que estaba cantada.

Equipo dominador

Con Monteagudo, el Cartagena cambió totalmente. Pasó a dominar, gustar, marcar y someter a casi todos sus rivales. Pero también ha tenido altibajos que asustan, como pasar del 100 (goleada al Marbella) al 0 (derrota en Jaén) en un abrir y cerrar de ojos. Además, hace cosas extrañas. La más rara de todas es ser más fiable a domicilio que en casa. Y las derrotas de la segunda vuelta escuecen. Las cinco. En casa no se debe perder contra el Córdoba B y el Mérida si el objetivo es ser campeón. Caer, con justicia, en el derbi ante el Murcia hizo mucho daño entre la Efesemanía.

Miguel Álvarez, técnico del Marbella, fue despedido ayer con una única victoria en su periplo en la Costa del Sol, la que obtuvo ante el Cartagena. Y la goleada del pasado domingo en el duelo contra el Villanovense lo empeora todo de cara al tramo final de la Liga. Aún así, es sorprendente que Monteagudo esté siendo tan duramente criticado tras estos pinchazos y que un sector de la afición haya olvidado tan pronto que fue el técnico manchego quien logró que el proyecto, con el sello de calidad que Belmonte ya buscaba contratando a Víctor, levantara el vuelo de manera definitiva.

Otra sombra de estos dos años es el divorcio con Deseado Flores. El actual gestor principal del Real Murcia entró en el fútbol de la mano de Paco Belmonte y contó con el visto bueno de Felipe Moreno. Pero en solo doce meses todo saltó por los aires, tanto los negocios de hostelería que los tres compartían como su binomio balompédico. Y con el paso de los meses hemos descubierto que nadie dijo la verdad sobra las causas de aquella separación. No hubo fraternidad, sino guerra. El caso es que los cambios en el consejo de administración evidenciaron la 'belmontización' absoluta del club. A Deseado le sustituyó Manuel Sánchez Breis, escudero fiel y 'hermano' de Belmonte. Y el puesto de Carlos Flores, hermano de Deseado, fue para la periodista Ana García Salvago, pareja del dueño del club. Así, con todo amarrado, no habría más disensiones en la zona noble.

Todo lo demás son buenas noticias. Algunas, fantásticas. En estos dos años, el crecimiento del club en casi todas su áreas ha sido espectacular. Y la sensación es que un ascenso de categoría llevaría al Cartagena al mejor momento de toda su historia. En Segunda B nunca había tenido cerca de 7.000 abonados y jamás había ingresado 500.000 euros en concepto de patrocinios. Los embargos de Hacienda y Seguridad Social son cosa del pasado y las subvenciones han vuelto. También hay cantera propia y la deuda se ha reducido en un 77% en solo dos años. El Cartagena tiene una deuda -perfectamente controlada- de 800.000 euros. Por vez primera en mucho tiempo, aquí solo se habla de fútbol. Y también por vez primera en mucho tiempo, el futuro no depende de que el balón entre o no.