La Verdad

FC Cartagena

CRÓNICA

Un enredo detrás de otro

Quique Rivero lanza el penalti y manda la pelota al poste, con el meta Manu Fernández batido.
Quique Rivero lanza el penalti y manda la pelota al poste, con el meta Manu Fernández batido. / LOF
  • El Cartagena encaja dos goles absurdos al inicio del partido y su buena reacción no le da para puntuar en un encuentro en el que fue mejor que un asustado Marbella y estrelló tres balones en la madera

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La sensación de ver el mismo partido cada domingo. Es lo que empieza a pasarle a todo aquel que sigue al Cartagena en esta temporada que empezó de la mejor manera pero que se está torciendo en una segunda vuelta con demasiados puntos perdidos por el camino. La sangría es ya relevante. Los ventajistas dirán que esto se veía venir y que Alberto Monteagudo ya demostró en anteriores banquillos (especialmente en La Roda) que es entrenador de notables primeras vueltas y decepcionantes segundas. Pero la realidad es otra. Los números no lo son todo. Sí, pero no. Cualquier observador neutral verá que este equipo no tiene nada que envidiar al que hizo 40 puntos en la primera parte del campeonato y que incluso es capaz de jugar mejor de lo que lo hizo antes del parón navideño. Por ejemplo, ayer en Marbella jugó infinitamente mejor de lo que lo hizo en Jumilla. Y ayer perdió y en Jumilla ganó.

Lo preocupante es que esto no es nuevo. Hace tres semanas en Granada sorprendió al público local con una exhibición impropia de un equipo de Segunda B y solo empató. Sin embargo, en la primera vuelta, con muy poco los albinegros fueron capaces de llevarse los tres puntos, por citar otro ejemplo, del complicadísimo estadio del Mérida. Cuestión de dinámicas, algo muy recurrente en este indescifrable negocio del fútbol. Sí. Suena a tópico. Pero cuando un equipo juega bien al fútbol cada siete días, genera en cada partido ocho oportunidades claras de gol y casi nunca gana, el único recurso que le queda al cronista es hablar de dinámicas. Y de poca fortuna. Ayer, más madera. Porque hubo más mala suerte que nunca. Un penalti fallado, un gol en propia meta y tres disparos a la madera.

Los tres primeros minutos del encuentro dejaron claro que el derbi estaba olvidado. Rivero y Llorente se movían por el medio como peces en el cercano Mediterráneo -desde la tribuna del Municipal marbellí se ve el mar- y Óscar Ramírez y Cristo metían el miedo en el cuerpo a Andrés Sánchez, abandonado a su suerte por un Kike Márquez que solo corría hacia adelante. La puesta en escena de los visitantes (sólida y potente) era garantía de éxito ante un Marbella miedoso. Las seis semanas sin ganar y el declive de un equipo en apuros agarrotaban las piernas de los locales. En los forasteros parecía enterrada la dolorosa derrota de la semana anterior contra el Real Murcia. Eso parecía.

Pero los partidos cambian en un segundo. Y en Segunda B, los detalles lo marcan todo. Kike Márquez quiso dejar su sello en un partido grande, criticado como sus compañeros por el hecho de que el Marbella no había sido capaz de ganar a ningún rival de la zona alta de la tabla. Y lo logró. Miguel Álvarez, el mejor entrenador del país a la hora de preparar jugadas de estrategia según Unai Emery (hoy técnico del PSG), dibujó en su pizarra una falta frontal que difícilmente puede salir bien. Pero le salió de maravilla. Añón sacó en corto, Kike Márquez burló la vigilancia de Arturo, que tapaba pero no marcaba al hombre, y puso un balón al punto de penalti que el central Delmonte introdujo en la red. Óscar Ramírez rompió el fuera de juego, Moisés llegó tarde y a la desesperada al corte y Zabaco y Gonzalo solo levantaron el brazo para pedir fuera de juego. Un horror. En toda regla.

Pero la Ley de Murphy se cumplió a rajatabla en la soleada mañana marbellí. Y, solo dos minutos más tarde, el horror defensivo del 1-0 mudó a una especie de espanto inesperado. Óscar Ramírez, el lateral derecho más solvente que ha tenido el Cartagena en mucho tiempo, cometió una torpeza tan inesperada como inexplicable. Asier Goti arrancó con fuerza por el centro, pero Jesús Álvaro lo tapó y al extremo local se le hizo de noche. Soltó un pase hacia la nada, ya que su destinatario (Añón) estaba en fuera de juego. Pero Óscar Ramírez quiso despejar y se marcó en su portería de un modo grotesco. En 12 minutos, 2-0. El Marbella devolvía al Cartagena el rápido castigo de la primera vuelta en el Cartagonova. Dos regalos, dos goles. Y a remar contra la corriente.

Rivero, día y noche

No tiene un líder natural este Cartagena. Se retiró Mariano Sánchez y se dejó escapar a Carlos David, ahora capitán del Huesca. Y desde entonces nadie manda en el vestuario. Pero en el terreno de juego, una vez más, Rivero demostró que es el que se echa el equipo a la espalda y que la bota no le tiembla, ni ganando ni perdiendo. Ni en septiembre ni en marzo. Él lideró la estupenda reacción visitante. Antes del 2-0 ya le había dado un pase de gol a Arturo, quien chutó al muñeco en inmejorable posición y alargó su sequía goleadora. Acumula ya ocho jornadas sin marcar.

Con el 2-0, reaccionó muy bien el Cartagena, ante un Marbella lleno de dudas. Los malagueños, que llevaban seis jornadas sin ganar un partido, se metieron en su campo e intentaron cerrar las vías de acceso a su área. No lo consiguieron. Rivero encontró con frecuencia alguna vía de agua en la zaga local. Y el Cartagena dispuso de media docena de claras oportunidades de gol. Pero solo Moisés, rematando perfectamente un saque de esquina botado por Rivero, acertó. Era el minuto 52. Hubo tiempo de empatar e incluso de ganar. Pero de nuevo sobraron llegadas y faltó puntería.

El cuadro de Alberto Monteagudo volvió a demostrar que somete a los contrarios y juega como pocos en Segunda B. Pero no es contundente en las áreas y lo está pagando muy caro. Ayer volvió a fallar un penalti (Rivero tomó la responsabilidad y chutó al palo) y Cristo y Míchel Zabaco también enviaron dos remates a la madera en una segunda mitad en la que el Cartagena perdonó una goleada. Rivero y Llorente lo intentaron desde la frontal, Jesús Álvaro se quedó solo delante del portero y, de nuevo, se le fundieron los plomos. Y, para completar un panorama desesperante, un defensa sacó bajo palos un remate de Sergio García que se colaba. Así, un partido de 2-4 terminó con 2-1. Y el Cartagena entra en bucle.