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«¡Jim, vete ya!»

  • Estamos en el mismo punto que en 2011, cuando no valía acabar la Liga en mitad de la tabla de Segunda. No hemos aprendido nada

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No hemos aprendido nada. Esa es la principal conclusión que saco del partido del pasado domingo en el Cartagonova, el primero del año y saldado con la cuarta derrota del Efesé en lo que llevamos de temporada. Perder una vez cada dos meses, como viene sucediendo desde que Alberto Monteagudo está en el banquillo del Cartagena, es algo que firmarían con los ojos cerrados todos los equipos de Segunda B. Aquí -ya lo sabemos- somos especiales. Tanto que ni siquiera nos servía ser quintos en Segunda A tras 21 años fuera del fútbol profesional, viéndolas de todos los colores en las catacumbas de la Segunda B e incluso la Tercera División española. Tan diferentes somos que incluso pedimos la cabeza de Juan Ignacio Martínez, JIM, el mejor entrenador que ha tenido el Cartagena en su historia -por números y por juego- cuando en 2011 el equipo acababa en mitad de la tabla en Segunda A. Siempre ponía a los mismos. Su crédito estaba agotado. Solo mascaba chicle. No sacaba las manos de los bolsillos.

Tan acabado estaba que, solo unos meses después del patético soniquete del «¡JIM vete, ya!», el técnico de Rabasa estaba triunfando en Primera con el Levante, equipo al que clasificó para la Europa League tras conseguir una histórica sexta plaza en la máxima categoría. Casi a la misma vez, en Cartagena estábamos de funeral tras el lamentable descenso a Segunda B, que se consumó de la peor manera en cuanto JIM abandonó el banquillo albinegro. Todo aquello -y lo que vino después- debería haber servido de lección. Pero este último domingo, el primero de fútbol a orillas de Benipila en este recién estrenado 2017, descubrí que no. Estamos en las mismas. Ni el despido de Pacheta, ni el Caudalazo, ni el revolcón ante el Avilés, ni rozar el descenso y la desaparición en el ignominioso año de Sporto Gol Man ni la desilusión del fallido proyecto de Víctor de la temporada pasada. Nada ha hecho que aprendamos de los múltiples errores cometidos en estos últimos años. Estamos en el mismo punto que en el año 2010. O en 2011. Exactamente en el mismo.

No seré yo el que niegue que este Cartagena de Alberto Monteagudo está sumido en una grave crisis de juego y no encuentra el camino que perdió a finales de noviembre. Los resultados lo han mantenido todo más o menos tapado. Pero el mal inicio de año (un punto de seis posibles) cambia el panorama por completo. Lo advertí hace más de un mes en un reportaje publicado en este periódico bajo el título de 'El liderato no lo tapa todo'.No descubrí la pólvora. Ni mucho menos. Los síntomas estaban ahí. Cualquiera los veía. El equipo no iba como al principio y los últimos partidos son el fiel reflejo de lo que no hay que hacer si lo que se quiere es ascender de categoría. Está claro. Pero de ahí a las reacciones y comportamientos observados este domingo en el Cartagonova tras la derrota ante el filial del Córdoba va un mundo. La digestión de este fracaso ha sido, en líneas generales, deprimente.

Una sola derrota, la cuarta en cinco meses y medio y la quinta en once meses y medio, ha servido para disparar contra todo y contra todos. Directivos, entrenador y jugadores se han colocado en la diana de un importante sector de la afición. Del día (seremos campeones y ascenderemos) hemos pasado a la noche (no jugaremos ni el 'playoff') en un abrir y cerrar los ojos. Suele decir el joven periodista Carlos Sánchez que «la historia del fútbol en Cartagena se construye a golpe de decepciones». Y lleva toda la razón del mundo. Pero, en esta ocasión, yo aclaro que es prácticamente imposible que el Cartagena se quede fuera del 'playoff' este año.

A menudo, en Cartagena (en el fútbol y fuera de él) nos creemos bastante más de lo que somos. Le gusta recordar al aún más joven periodista Rubén Serrano que en Cartagena «queremos ser el Oviedo, el Cádiz, el Hércules o el Alavés cuando, como mucho, somos como la Ponferradina, el Jaén o el Alcoyano». Acierta de pleno. El veterano colega Pedro Caparrós, por si no ha quedado claro, suele recordar que en un siglo de fútbol «el Efesé se ha enfrentado más veces al Imperial que al Real Murcia». Dos ascensos a Segunda y un arsenal de fracasos en los últimos 50 años. Ese es el bagaje del Efesé. Es bueno saber de dónde venimos. No nos conformamos, desde luego. Pero no nos olvidemos de una historia mucho más negra que blanca.

Todo esto le da igual a muchos, incluidos a esos que se dedican cada día que sale el sol a repartir los carnés de buenos y malos cartageneros y se autoproclaman los guardianes de la auténtica fe y el cartagenerismo más puro. Piensan -confundidos- que representan algo y a alguien, mientras rebuznan desde la grada, trufando sus gritos desde la grada de insultos y descalificaciones varias, sin dejar títere con cabeza. Faltan al respeto de jugadores, técnicos y directivos de su propio equipo. Obviamente, no representan a nadie porque son tipos incapaces de representarse a sí mismos.

El panorama, en ocasiones, es desolador. Solo había que dar un paseo este último domingo por la zona de prensa del Cartagonova, donde lamentablemente cada vez hay menos periodistas y más aficionados que juegan a ser periodistas. El drama es que, en algunos casos, hablamos de tipos que lo más redondo que han visto en su vida es un ladrillo del 12. Todo el mundo tiene derecho a opinar. Desde el primer aficionado hasta el última periodista o candidato a serlo. Faltaría más. Pero no a graznar. Dan ganas de dimitir.

El panorama es el que es. Y todas estas vergüenzas, que como las futbolísticas están ahí, se olvidarán en cuanto regresen las victorias. En este sentido, dicen que los rumores de fichajes han podido desestabilizar al equipo y que algunos jugadores, al ver su puesto amenazado, se han descentrado y han estado muy por debajo de su nivelen los dos últimos partidos. Eso sería intolerable. Si un futbolista del Cartagena, que cobra por adelantado, tiene buen nivel y experiencia en equipos grandes de la categoría, baja los brazos porque en la prensa se hable de altas y bajas en enero es que no merece seguir vistiendo ni un minuto más la camiseta albinegra. Madurez, sí. También para los futbolistas.

No sé si este 2017 será el año del ascenso. No lo tenía claro hace dos meses ni tampoco ahora. No lo daba por hecho cuando el equipo goleó al Marbella ni tampoco lo descarto ahora. Lo que sí sé es que este Cartagena ascenderá a Segunda A. Será en 2017, en 2018 o en 2019. Pronto o tarde. Pero subirá. El proyecto lo tiene todo y cuando las cosas se hacen bien, al final llega la recompensa. No tengo dudas.