La Verdad

FC Cartagena

CRÓNICA

Fernando sale de la pecera

fotogalería

El meta Jero se adelanta a Míchel Zabaco. / Pablo Sánchez / AGM

  • El Cartagena se afianza como líder tras ganar al Jumilla con un gol en la última jugada del delantero sevillano

Está usted ante el típico partido de fútbol que pide a gritos que la crónica empiece por el final. Pero por llevar la contraria -que es algo que por lo que sea nos gusta a los periodistas- vamos a empezar por el principio. Y el inicio de todo no está en el incómodo campo Municipal de La Hoya, donde 600 personas apiñadas en una grada descascarada (300 de Jumilla y 300 de Cartagena) se armaron de valor para quitarse el pijama, dejar la manta doblada encima del sofá, apagar la tele, coger el paraguas, mojarse un poco y tragarse un partido nefasto. Así fue. Todo en ese orden. Una cosa detrás de la otra.

En el Puerto de la Cadena caía el agua a mantas. También en la Vega Media. Por momentos, en la zona del Valle de Ricote, los parabrisas de los vehículos no daban abasto para repeler tanta agua. Eso sucedía solo sesenta minutos antes de que arrancara un encuentro que se jugó en esa 'hora bruja' de las cuatro de la tarde que tanto defiende Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), y que presuntamente seduce a millones de chinos que supuestamente no tienen otra cosa mejor que hacer en sus asiáticas vidas que ver fútbol español. De Primera, de Segunda e incluso de Segunda B. Nosotros nos quedamos con 'Humor Amarillo' y ellos heredan nuestro fútbol. Ese sería el plan, a grandes rasgos. Es de suponer.

Si llovía con esa intensidad en el Altiplano poco fútbol iban a ver los chinos. Y cuando hablamos de chinos no tenemos por qué referirnos a los que están delante de la tele en un bar de Shanghái. De hecho, en este caso concreto, hablamos de Lian Xiang y Hui Tang, los dueños del Jumilla, que posiblemente fueran los únicos ciudadanos chinos que ayer tenían algún interés en ver el Jumilla-Cartagena. Afortunadamente para todos, en ese precioso valle entre Murcia y Albacete en el que se enclava el municipio de Jumilla donde cerca de 20.000 habitantes viven entregados al cultivo y desarrollo comercial del vino, el cielo se abrió muchísimo y un leve chispeo mojaba -pero no destrozaba- el césped del modesto polideportivo jumillano.

Demasiado respeto

No hubo rastro de fútbol en los primeros 45 minutos. Y eso que el partido comenzó. Y se fue al descanso. Lo supimos porque el árbitro malagueño Domínguez Cervantes sacó tres tarjetas, los jugadores se movían de un lado para otro y las dos aficiones -pocos hinchas pero animosos- rivalizan en cánticos y algún que otro insulto en la única grada de un campo sin marcador pero con aroma a fútbol viejo, al de toda la vida. Monteagudo intentó aprovechar la lentitud de los centrales locales poniendo a Sergio García de ariete. El zamorano debía buscar la espalda de Neftalí y Robles, pero nunca la encontró. Tan mal salió el invento que a los 20 minutos Sergio García regresó a la banda y Chus Hevia, titular por delante de Juanlu Hens, ocupó la plaza de delantero centro. Dio lo mismo. El Cartagena no tiró a puerta en todo el primer tiempo. Tampoco -con peligro- en el segundo. Solo lo hizo una vez, en el tiempo añadido, y le bastó para sumar los tres puntos en un sitio en el que nadie había ganado hasta la fecha.

El Jumilla respetó demasiado al líder en el primer periodo. Aún así, el de Pichi Lucas demostró que es un equipo conmovedor. No juega. Compite. No presiona. Muerde. No aprieta. Dentellea. No protesta. Aúlla. Son un equipo formado por once tíos que se mueven por el campo como si fueran uno solo. Son jugadores que disfrutan durante los 90 minutos del domingo como si no hubiera un mañana. Algunos, los más veteranos, son plenamente conscientes de que no lo habrá. Saben que defienden los intereses de un club que hace un par de años estaba en Tercera y ahora está entre los mejores de Segunda B. Tras lo que vivieron el año pasado, nadie tiene que explicarles lo que significa poder cobrar su sueldo cada día 30. Nadie tiene que recordarles que por Jumilla ahora está pasando un tren que quizás nunca vuelva a hacer escala en esa tierra.

Al descanso nos fuimos con un par de sustos en la portería visitante. En una falta lateral muy bien ejecutada por Perona, Gonzalo Verdú despejó con apuros y el balón dio en Sergio Jiménez, que casi marca en propia meta. Julio de Dios, que andaba por allí, remató algo forzado y muy cerca del poste. El balón dio en la red y los aficionados jumillanos cantaron gol. Fue una ilusión óptica. La bola no entró. Antes, una buena maniobra del bullicioso Morgado -tanto que acabaría expulsado a falta de cinco minutos- terminó con un buen derechazo que se marchó algo desviado.

Durante el tiempo de asueto, en la grada todos convenían que el partido desprendía un inconfundible aroma a empate a cero, una de esas fragancias tan características de la Segunda B española. Pero el primer tramo del segundo tiempo nos dejó claro que el Jumilla quería algo más que un punto. Aparecieron Julio de Dios y Borja y desaparecieron Rivero y Sergio Jiménez. Los locales aumentaron su ritmo y en cada disputa se les notaba más atentos e intensos. El Cartagena sufrió durante un buen rato en el que incluso Jesús Álvaro derribó a Titi dentro del área en una acción en la que perfectamente el árbitro pudo decretar penalti.

Perdona el Jumilla

Con este panorama, Limones tuvo que hacer la primera parada de la tarde. Se sacó de encima con el pie un zurdazo cruzado de Julián Domínguez que llevaba veneno. A esas alturas de la tarde, el chispeo se había convertido en lluvia fuerte. No era un aguacero, pero casi. Y la hierba empezaba a estar pesada. Los locales se movían mucho mejor en esas condiciones. En el Cartagena, Monteagudo puso en liza a Fernando, Quintana y Juanlu Hens, agotando los cambios mucho antes de lo que es habitual en él. Una evidencia clara de que al técnico albinegro no le gustaba nada lo que estaba pasando.

De nuevo Julián Domínguez pudo hacer el 1-0, pero se entretuvo cuando estaba solo al borde del área pequeña. Y cuando fue a rematar se le echaron encima Jesús Álvaro y Míchel Zabaco. Poco después, Borja cazó un balón suelto en la frontal, botando y sin dueño, y su derechazo se marchó lamiendo el palo, con Limones batido. Los de Pichi Lucas acariciaron el gol que posiblemente le hubiera dado los tres puntos. Pero no tumbaron al líder cuando lo tuvieron tocado.

Con los visitantes mejorados por Quintana y Juanlu Hens, fue expulsado el local Morgado, tras derribar a Chus Hevia cerca de la frontal. Era el minuto 85. El libre directo lo ejecutó, muy fuerte pero muy centrado, Gonzalo Verdú. Y cuando todo el mundo daba por hecho el reparto de puntos, Juanlu Hens tuvo el criterio y la pausa suficiente para hilvanar una buena jugada y abrir a Óscar Ramírez. El lateral centró fuerte al primer palo y por allí apareció la pierna salvadora de Fernando, el que más necesitaba un final así.