La Verdad

FC Cartagena

Tobillo de seda, rodilla de cristal

Miguel Ángel Riau, en un partido ante el San Fernando de abril de 2014 en el que llevó el brazalete de capitán.
Miguel Ángel Riau, en un partido ante el San Fernando de abril de 2014 en el que llevó el brazalete de capitán. / LOF
  • Riau, que jugó 72 partidos en cuatro temporadas en el Efesé, se retira con 27 años por culpa de las lesiones

  • «En el último año y medio lo he pasado muy mal porque la rehabilitación nunca terminaba y al final me he tenido que rendir», lamenta el aragonés

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Tenía un tobillo izquierda de seda. Era un auténtico guante, al nivel de cualquier pierna zurda de cierto nivel que uno pueda encontrarse en Primera División. Calidad, potencia y efecto. Una combinación perfecta. Sin embargo, en esa misma pierna tenía también el germen de todos los problemas que finalmente le han impedido ser el futbolista que podía haber sido. La rodilla izquierda llevó siempre por el camino de la amargura a Miguel Ángel Riau (Mequinenza, Zaragoza, 1989) y finalmente le ha obligado a retirarse con 27 años, la edad en la que un jugador alcanza la madurez y suele iniciar el mejor tramo de su carrera deportiva. A Riau, ya exfutbolista de manera oficial, siempre se le recordará por ser aquel prometedor canterano del Levante y del Valencia que jugó cuatro temporadas, de 2010 a 2014, en el FC Cartagena. Acumuló 72 partidos con la camiseta albinegra.

«Este último año y medio lo he pasado muy mal porque la rehabilitación nunca terminaba. Yo lo he dado todo, he puesto de mi parte, me he apuntado a un gimnasio especializado en Barcelona y lo he compatibilizado con todas las sesiones de recuperación en la clínica Quirón, donde me operó por última vez el doctor Cugat. Tras seis meses parado, el Sabadell [su último club] me dejaba entrar en sus instalaciones para entrenarme y tocar balón con un entrenador personal. Me reconstruyeron el cartílago, me pusieron factores de crecimiento y ácido hialurónico para amortiguar los impactos. Pero lo cierto es que notaba muchos pinchazos cuando golpeaba el balón, se me inflamaba mucho la rodilla y notaba demasiado dolor como para pensar en volver a jugar. Al final, me he tenido que rendir. Me ha dolido menos de lo que pensaba, porque en estos meses he ido asumiendo poco a poco que iba a tener que dejarlo», cuenta Riau a este periódico.

Riau era un extremo con un futuro muy prometedor en el juvenil del Levante, cuando con 17 años se rompió por vez primera el cruzado. Se recuperó bien, debutó en Segunda B con la entidad granota con solo 18 años y el Valencia se fijó en él y lo fichó para su filial. Su primer año en el Mestalla fue fantástico (31 partidos y 6 goles). Tanto que despertó el interés de varios clubes de Segunda A, entre ellos el de un Cartagena que acababa de subir en Alcoy. «Buitrago me quería fichar a toda costa, pero el Valencia no me dejó salir. Al verano siguiente, tras mi segundo año en el filial, el Cartagena vino otra vez, hizo una apuesta muy fuerte por mí, me hizo un contrato de tres años y en el Valencia me dejaron ir, aunque poniendo muchas pegas», recuerda el de Mequinenza.

Llegó en el verano de 2010, con 21 años, al vestuario de los Toché, Víctor, Botelho, Lafuente, Longás, Toni Moral, Keko y compañía. Y su etapa en el Efesé no pudo empezar peor. En el tercer amistoso, en La Manga Club contra el Almería, «a los diez minutos de entrar al campo me jodí el menisco». Los médicos del club optaron por un tratamiento conservador, con seis semanas de reposo y sin cirugía. «Pero ahí la jodimos del todo. Estaba para que me operaran, no podía apenas entrenar por el dolor y Juan Ignacio Martínez solo me puso en dos partidos. Debían haberme operado en agosto y no pasé por quirófano hasta febrero, ya en Valencia», señala.

Dos goles medio cojo

En su regreso, cedido, al filial del Valencia vivió uno de los momentos más curiosos de su carrera. «En el Cartagena me querían ceder a un Segunda B potente, pero yo solo quería ir al Mestalla, que estaba en Tercera. Y era porque ya me había visto la rodilla el doctor del Valencia y habíamos llegado al acuerdo de que él me iba a operar. Al llegar, los técnicos me dijeron que tenía que jugar al menos unos minutos en un partido, para poder decir que me había lesionado y justificar la operación. Ellos quedaban muy mal si yo llegaba como refuerzo para la segunda vuelta y me operaba antes de debutar. Me sacaron un rato y en diez minutos marqué dos goles, casi a la pata coja. A la semana siguiente pasé por el quirófano y mis compañeros no daban crédito. Me decían que cómo me iba a operar si era el mejor del equipo jugando medio cojo», confiesa divertido.

Así, ya recuperado de su segunda operación «y con un trozo de menisco menos», volvió en julio de 2011 a Cartagena, «muy esperanzado porque el entrenador era Paco López y me conocía bien de mis años en el Mestalla, creía en mí y sabía que iba a jugar mucho con él», reconoce. Sin embargo, una inoportuna rotura de fibras en pretemporada le hizo perderse los dos primeros partidos de Liga. En el tercero, en Sabadell, jugó la segunda mitad a buen nivel. Y en el cuarto, tras perder con el Alcorcón, fue destituido Paco López. Llegó Javi López, «que no me dio bola», lamenta Riau. Y tampoco contó para Carlos Ríos, tercer entrenador. Para colmo de males, «el día que me puso de titular, en el campo del Elche [jornada 34], Generelo me dio un viaje tremendo en el primer tiempo y me dejó frito. Estuve de baja los dos último meses», apunta.

El Cartagena bajó y en el verano de 2012 Riau se vio con los dos pies fuera del club. «Tenía ofertas y el club no quería pagarme mi contrato de Segunda A. Pero a Pato le gustó mi pretemporada y yo acepté partir ese año en dos, rebajarme mi sueldo en un 50% y quedarme en Cartagena hasta 2014. Fue un buen acuerdo, beneficioso para las dos partes. Y yo viví los dos mejores años de mi carrera. Pacheta confiaba mucho en mí y me dio muchos partidos, a pesar de que en el equipo estaban Tonino y Óscar Rico. Faltó la guinda del ascenso, que lo tuvimos muy cerca», admite Riau.

«Y mi último año en el Efesé, con Tevenet, fue el mejor. Partí de suplente, por detrás de Fede, Menudo y Zurdo. Pero el día del Arroyo cambió todo. Íbamos perdiendo 0-2, salí y lo primero que hice fue marcar de falta, por la escuadra. Luego di el pase del 2-2 y al final acabamos haciendo el tercero y ganamos 3-2. Ahí cambió mi rol. Tevenet me puso de lateral izquierdo y lo jugué todo. Ese cuarto año, por fin, sentí el cariño de la afición, que hasta entonces me había visto un poco como a un desconocido. Y di mi verdadero nivel porque noté que los compañeros me respetaban y el cuerpo técnico me daba confianza. Me sentí importante y eso me dio confianza. Por mi forma de ser y por mis problemas físicos, siempre fui un jugador que necesitaba que los de mi alrededor me dieron toda la confianza del mundo. Si no era así, mi rendimiento bajaba mucho», reconoce.

«Gran grupo humano»

Sus mejores recuerdos del fútbol se los deja precisamente esa campaña 2013-14. «Primero, porque ese vestuario es el mejor en el que nunca he estado. El grupo humano era impresionante y de hecho el único grupo de whatsap de los equipos en los que he estado que hoy permanece activo es el del Cartagena de esa temporada. Es más, este verano De Lerma me dijo que me fuera a Toledo con ellos para entrenar y recuperarme. Y Megías, lo mismo, en el caso de La Roda. Fue un gran año porque ese vestuario tenía una calidad humana fuera de lo normal. Y segundo, claro, por enfrentarnos al Barça, aunque yo jugué solo en el Cartagonova y me hubiera gustado hacerlo en el Camp Nou también».

Antes de firmar por el Sabadell, en Segunda A, «me llamó alguien del Cartagena para renovar, pero es que ni siquiera sé quién era la persona que me llamaba y no me pareció nada serio. No me gustaba lo que veía. Luego vi que ese año [el de Sporto Gol Man] fue un absoluto desastre», dice. En el conjunto arlequinado, solo pudo jugar 13 partidos, «y desde diciembre con unos dolores tremendos, sin poder apenas entrenar e infiltrándome siempre en la rodilla para poder jugar». En marzo del año pasado, tras un partido en Albacete, acabó la carrera de Riau. Aunque entonces él aún no lo sabía.

«Tenía la rodilla muy mal, con un edema óseo, el cartílago muy desgastado y faltaba mucho trozo de menisco. En estos 18 meses lo he intentado, porque no quería reprocharme a mi mismo dentro de 20 años que dejé el fútbol sin apurar todas las opciones. Pero ha sido imposible», certifica el propio Riau.

¿Y ahora qué? «He dejado Barcelona y me he venido a vivir con mi hermana a Mequinenza, que pertenece a Zaragoza pero está a media hora de Lleida. Estoy preparándome la prueba de acceso a la Universidad y quiero matricularme en Fisioterapia. Ya te digo que con las horas que llevo de rehabilitación y el tiempo que he pasado con fisios, casi puedo ejercer sin estudiar la carrera. Me lo sé todo [se ríe]. El fútbol se acaba. Igual en un futuro vuelvo a vincularme a él de alguna manera, pero he terminado hasta los cojones del fútbol. Soy joven, tengo 27 años y toda la vida por delante. Estoy contento porque los amigos que siempre han estado ahí, los que tenían que estar, han estado a mi lado. Y sé que siempre lo van a estar», resume Riau.