La Verdad

FC Cartagena

«Este club tiene la flecha hacia arriba. Aquí hay futuro»

Alberto Monteagudo, entrenador del Efesé, ayer en el Cartagonova.
Alberto Monteagudo, entrenador del Efesé, ayer en el Cartagonova. / Antonio Gil / AGM
  • Alberto Monteagudo, entrenador del FC Cartagena

  • «A mi cuerpo técnico le repito una y otra vez que estamos en el sitio justo y en el momento adecuado para hacer grandes cosas», confiesa

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El martes hizo 42 años y ayer su hija mayor cumplió 12. Nada altera, no obstante, la rutina personal y laboral de Alberto Monteagudo (Valdeganga, Albacete, 1974), quien vive las 24 horas para el fútbol, «aunque no creo que hasta el punto de la obsesión», matiza. Es un tipo tan accesible y tan normal que a veces uno duda que lleve dos décadas largas metido en un mundo, el del fútbol, donde abundan los excesos, la vanidad, la altivez y la inmodestia. Él jugó en Primera con el Albacete. Y en Segunda con Recreativo, Mérida, Murcia, Algeciras, Xerez, Numancia y Las Palmas. Con 34 años, una grave lesión de rodilla hizo que pasara del campo al banquillo en el Lucena. Colgó las botas en febrero y en marzo se puso a entrenar a sus compañeros. Aquello salió bastante bien. Fue en 2009, el año del ascenso del Cartagena en Alcoy. Sus prometedores inicios en Lucena, León y Badajoz, eso sí, quedaron reducidos a cenizas tras las destituciones en Cádiz y La Roda. Y tras 22 largos meses parado, en febrero de este año le llegó la oferta del Cartagena. 22 partidos después, se le nota feliz. En estos nueve meses, solo ha perdido dos veces, en Melilla y en El Ejido.

- ¿Cuándo supo que sería entrenador?

- Lo mío es curioso. Nunca quise ser entrenador. Mi padre, que en paz descanse, se pasó toda mi carrera dándome la lata para que me sacara los tres títulos y yo le decía siempre que no. Me veía más de director deportivo o de ojeador, analizando partidos y haciendo informes. Muy al final de mi carrera me saqué los carnés y se dio la circunstancia de que los tres capitanes del Lucena fueron a ver al presidente y le dijeron que el entrenador del equipo estaba en el vestuario y era yo, porque decían que analizaba muy bien los partidos y todos estaban de acuerdo con lo que yo comentaba en el vestuario. Así llegó mi oportunidad y sí que es verdad que en cuanto me senté por vez primera en un banquillo, cambié el chip y sí que me sentí atraído por la profesión de entrenador. Ya no me veo haciendo otra cosa en mi vida.

- ¿Era más feliz jugando o disfruta más ahora entrenando?

- Era mucho más feliz como futbolista. Hacía lo que me gustaba y no me calentaba la cabeza. Te lo daban todo hecho. Entrenabas y jugabas. Y punto. Cuando eres futbolista y pierdes, el cabreo te dura un par de horas. Llega el entrenamiento del lunes y se te ha olvidado todo. De entrenador, la responsabilidad es máxima. Al menos, yo me lo tomo así. Cuando pierdo, al llegar a casa no quiero que me hable nadie. A mi mujer ni se le ocurre decirme de ir a cenar por ahí, porque se me quitan las ganas de todo y sabe que me encierro en casa. Lo que hago es ponerme el vídeo y analizar en qué hemos fallado. Y luego me pongo a preparar el entrenamiento del lunes y el trabajo de toda la semana. Afortunadamente, aquí en el Cartagena he perdido muy poco [dos veces], porque reconozco que después de una derrota no hay quien me aguante. Eso como jugador no me pasaba.

- ¿Qué entrenador le marcó más?

- Hay varios. Benito Floro, que es un maestro, y Víctor Espárrago, que jugó tres Mundiales como futbolista, en mis inicios. Y luego Joaquín Caparrós, que me hizo crecer mucho como futbolista, y Pepe Mel, por la intensidad y la carga que metía a sus entrenamientos.

- ¿Es usted de los que se pasa el día viendo fútbol?

- Sí. Al rival del domingo me gusta verle tres o cuatro partidos. Luego, al futbolista solo le pongo tres minutos, porque más de eso no sirve de mucho. Pero me sirve en el trabajo de la semana. Por ejemplo, sabía que La Roda sufría en los balones a la espalda de la defensa y me pasé toda la semana machacando eso en los entrenamientos. Cristo, Óscar Rico y Juanlu la quieren al pie y yo les dije que teníamos que atacar los espacios. Y salió bien. Quiero tener siempre toda la información del rival. También intento ver a todos los rivales en directo y luego me gusta ver todo lo que puedo de Primera y de la 'Champions'. Aunque esté un poco más relajado, con la cervecita en la mano, veo el Borussia-Madrid y estoy analizando la táctica de los dos entrenadores. No soy obsesivo, pero vivo para el fútbol. Siempre digo que menos mal que estoy casado y que a mi mujer no le gusta nada el fútbol. Si no fuera así, me pasaría las 24 horas viendo partidos. Disfruto con lo que hago.

- Tras ser destituido en Cádiz y La Roda, ¿tiene usted la sensación de que ahora tiene la oportunidad de reivindicarse como entrenador?

- Fueron situaciones que me afectaron y estos dos años sin trabajar han sido duros. Seguro que cometí errores en Cádiz y en La Roda, en dos proyectos que eran radicalmente distintos. Pero sinceramente creo que en ambos casos mi cese fue un error. En Cádiz me echaron yendo quintos, a cuatro puntos del 'playoff'. Y con todos los fichajes de enero y la llegada de Agné, acabaron salvándose del descenso en la penúltima jornada. En La Roda, con un presupuesto de 200.000 euros y unas limitaciones tremendas, me echaron cuando estábamos fuera del descenso y el equipo acabó bajando a Tercera. Seguramente debí haber estado más fuerte en verano, sobre todo a la hora de esperar para fichar a nuestras primeras opciones y que las plantillas hubieran sido más completas. Pero aprendes de todo. Me hizo mucho daño porque mi sensación es que no me merecía estar parado en casa sin trabajar. Era injusto.

- ¿Se ve aquí mucho tiempo?

- Soy feliz aquí, desde luego. Y aunque no me gusta mirar muy lejos, siempre digo que me gustaría ser el entrenador del Cartagena durante mucho tiempo, por lo bien que se puede trabajar y por el futuro que le veo a este club. Aquí hay futuro. Siempre le digo a Paco [Belmonte] y Manolo [Breis] que el Cartagena tiene la flecha para arriba y que va a conseguir lo que todos queremos. Ojalá hagamos un año perfecto y eso pase ya este año. Pero estoy seguro de que va a suceder, porque tiene estabilidad económica, plantilla, afición, ciudad e historia. Y a mi cuerpo técnico le repito una y otra vez que estamos en el sitio justo y en el momento adecuado. Podemos hacer grandes cosas en el Cartagena.

- Antes de venir, ¿qué conocía del Cartagena?

- Muchas cosas. Alguna vez estuve por aquí comiendo con Chito, que es paisano. Y soy muy amigo de Viyuela, que ascendió en Alcoy; de Rafa Clavero, uno los amigos de verdad que he hecho en el fútbol; y de Pepe Mena, un tío espectacular que me llevé a León y que se ha quedado allí a vivir. Jugué con los tres Cordero, con los dos mayores en Albacete y con el pequeño en Jerez. Y he ido siguiendo los proyectos del equipo. La ciudad casi no la conocía y siempre tuve una imagen de que era gris e industrial. Pero ha cambiado un montón, es muy bonita y es una gozada poder pasear por el centro y por la zona del Puerto. Estamos encantados aquí.

- ¿No se fía del Lorca, verdad?

- Para nada. Es un gran equipo, con jugadores de mucho nivel que van a venir a reivindicarse en un gran campo y que tienen ganas de olvidar la última derrota. Pese a las bajas, es un rival temible. Hablamos del equipo con mayor presupuesto del grupo y ya jugamos un amistoso muy duro contra ellos este verano en Pinatar Arena. También te digo que si nosotros jugamos al nivel que lo hicimos en agosto contra ellos tenemos muchas opciones de sumar los tres puntos este domingo.

- ¿Le sorprende la racha goleadora de Juanlu Hens?

- No [ríe]. Lo digo en serio. El año pasado, al poco de llegar, veía que tenía dos o tres oportunidades claras por partido. Veía que llegaba a zonas de remate y que cazaba balones en lugares buenos para hacer gol. Y yo le decía: 'Juanlu hay que meterlas porque puedes salir a gol por partido'. En esta pretemporada insistí y vi que él se estaba concienciando de que podía hacer muchos goles, porque tiene remate, es listo y ahora está siendo muy eficaz.

- ¿Cuál ha sido su momento más delicado desde que llegó al Efesé?

- El partido de Almería [el de su debut]. Yo venía con una idea y había trabajado cosas durante la semana que en el partido no las vi. Estábamos muy espesos y concedíamos un montón de ocasiones. No perdimos porque el Almería no fue eficaz. Me asusté porque veía que el equipo no asimilaba lo que yo inculcaba y me vi muy lejos de lo que yo buscaba. Veníamos de perder contra el Sevilla en casa en el último partido de Víctor [0-2] y no veía reacción. Curiosamente, el domingo siguiente ganamos bien al Mérida, estuvimos cuatro jornadas con la portería a cero y sumamos 13 partidos sin perder. Acabamos bien, entrando en Copa.

- Eso hizo que apostaran por la continuidad este verano.

- Sí. Lo teníamos claro. No queríamos empezar de cero y traer a 17 nuevos. Además, es que no ha sido una cosa de renovar gente por renovarla. Es que los once futbolistas que se han quedado son muy buenos y hemos intentado hilar muy fino para traer a jugadores que nos están ayudando en puestos específicos.