Munúa, un «líder natural»

Gustavo Munúa, en un partido del Deportivo B de esta última campaña. / dxt campeón
Gustavo Munúa, en un partido del Deportivo B de esta última campaña. / dxt campeón

El nuevo técnico del Efesé tiene carácter y quiere que su equipo sea protagonista con el balón. Lo peor es que apenas conoce el grupo IV

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYACartagena

Dicen que los porteros no suelen ser buenos entrenadores y, de hecho, son minoría los que acaban siendo técnicos de élite después de colgar los guantes. Sin embargo, en los últimos tiempos parece que los exporteros están de moda. El nombre propio de este inicio de verano ha sido Julen Lopetegui, quien cambió 'La Roja' por el Real Madrid a destiempo, consiguiendo así una fama mundial que no tuvo en sus tiempos de guardameta en el Castilla, Logroñés, Barça y Rayo Vallecano. También ha sido noticia esta semana José Francisco Molina, en su momento portero de Atlético de Madrid y Deportivo y recién nombrado ahora director deportivo de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF).

Abel Resino, Nuno, Montanier Leo Franco (elegido para entrenar al Huesca en su debut en Primera), Luis César Sampedro o Alberto López son otros exporteros que en los últimos años han tenido protagonismo en banquillos de Primera o Segunda División, con menor o mayor acierto. Hay un dato elocuente. El belga Raymond Goethals, que murió en 2004, es el único portero convertido en entrenador de toda la historia que ha ganado una Copa de Europa. La levantó con el Olympique de Marsella en 1993. Y un solo exportero ha sido campéon del mundo. Fue el brasileño Aymoré Moreira, que condujo a la 'canarinha' a su título en Chile 1962.

Por el Efesé, hace ya bastante tiempo, pasaron el fallecido José Luis Montes, quien había sido portero de Valladolid, Deportivo de la Coruña, Hércules, Lorca y Melilla, entre otros equipos; y Pep Balaguer, mítico guardameta del Valencia en los años 70. A ninguno de los dos le fue especialmente bien en el banquillo del Cartagonova. Todo eso es historia. El caso es que en el Cartagena, ya sea por subirse a la ola o porque verdaderamente era la mejor opción que presentaba el mercado a estas alturas del mes de julio, se han terminado decantando por Gustavo Adolfo Munúa, un uruguayo de 40 años con todo por hacer como entrenador, pero que llega avalado por una larga y estimable carrera como futbolista. Pasó 18 años bajo palos, siete en el Nacional de Montevideo, seis en el Deportivo de la Coruña, tres en el Levante, uno en el Málaga y otro en la Fiorentina.

EL DATOCon Lopetegui en el Madrid y Molina en la selección, parece que se ha puesto de moda apostar por técnicos que fueron porteros

Juego de toque

En el Cartagena han elegido finalmente a Munúa porque «es un líder natural, tiene mucho carácter y una ambición muy grande por crecer en el fútbol. Además, su modelo de juego es de toque, asociativo y combinativo, en la línea de lo que nosotros hemos propuesto desde que llegamos al club hace tres años», explica el director general del club, Manuel Sánchez Breis, quien añade que «es un entrenador que quiere que su equipo sea protagonista con la pelota en todo momento y que pide a sus futbolistas que se adueñen de los partidos».

En este sentido, el modelo no variará demasiado con respecto a la etapa de Alberto Monteagudo. Lo que cambia, claramente además, es el perfil del entrenador. El manchego era un líder silencioso, querido y respetado por sus jugadores a pesar de que siempre tuvo imagen de frío y metódico. Munúa, por el contrario, es de sangre caliente, lo que en su etapa de jugador incluso le costó más de un disgusto. En La Coruña aún se recuerda con cierto asombro aquel episodio ocurrido en 2008, en el que terminó propinando un puñetazo a su compañero Dudu Aouate en el vestuario de Abegondo, tras un entrenamiento. El meta israelí comenzó a sangrar por su ojo izquierdo y le tuvieron que cerrar la herida con ocho puntos de sutura.

Fue incluso condenado a seis meses de cárcel por la agresión, aunque no cumplió la pena por no tener antecedentes. «El puñetazo a Aouate me cambió la vida», ha confesado después Munúa en varias entrevistas. Diez años después, tras una buena primera experiencia en el banquillo del filial deportivista, asume su primer gran reto en España: ascender al Efesé. En contra tiene su desconocimiento casi total del grupo IV de Segunda B.

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