Muere a los 61 años Sebastián, portero del Efesé en los ochenta

Muere a los 61 años Sebastián, portero del Efesé en los ochenta

Capaz de lo mejor y de lo peor, desesperaba a sus entrenadores por su manera de entender la vida del futbolista

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYACartagena

Sebastián Gómez Fernández, portero del Cartagena durante nueve temporadas en la década de los 80 y principios de los 90, falleció anoche en Cartagena, a los 61 años de edad, a consecuencia de un cáncer de pulmón contra el que llevaba luchando durante bastante tiempo. Nacido en el barrio de Los Mateos, Sebastián se convirtió en toda una celebridad en la ciudad debido a su forma de entender la vida del futbolista, muy similar a la de Mágico González en Cádiz, por ejemplo.

Sebastián era un gran portero y tenía condiciones de sobra para haber jugado mucho tiempo en Primera División. Tuvo su oportunidad, ya que con 24 años lo fichó el Hércules para debutar en la máxima categoría en 1980. Pero sus constantes faltas de disciplina hicieron que Koldo Aguirre, entonces técnico del Hércules, prescindiera de él. Volvió al Efesé en 1982, tras el ascenso de Torrejón. Y se retiró diez años después, con 71 partidos jugados. Casi siempre fue suplente de Paco López.

Primo de Manolo y Ginés Requena, ambos también de Los Mateos, a Sebastián en el Efesé se le consentía todo. Bajaba andando a entrenarse desde su barrio a El Almarjal. Pero no siempre llegaba. Si se encontraba con unos amigos por el camino y le decían que se iban a pescar, él les acompañaba y ese día no acudía al entrenamiento. Si iban a cazar conejos, igual. O si se paraba a tomarse una cerveza en el bar con unos amigos, era capaz de llegar media hora tarde al entrenamiento.

Una tarde, cuando estaba en el Hércules, la Guardia Civil paró el coche que conducía camino de Alicante. Los agentes le pidieron el carné de conducir. «¿Para qué?», respondió. «Queremos ver su documentación», insistió un agente. «Yo no tengo carné de conducir. ¿Para qué lo quiero? Yo sé conducir perfectamente», alegó el portero cartagenero.

Era conocida su manía de no utilizar guantes, algo que enfadaba mucho a sus entrenadores y desconcertaba a sus rivales. Alegaba que le molestaban y que no servían para nada. Sebastián siempre decía que para parar bien los balones las manos tenían que «ir desnudas». Le marcó su carrera (para mal) un partido ante el Calvo Sotelo en 1982, en el que agredió a un rival y al árbitro. Fue apartado del equipo y eso hizo que clausuraran El Almarjal.

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