Un mar de lágrimas en Majadahonda

Aficionados del Efesé, tras el fin del encuentro en Majadahonda. / J. M. RODRÍGUEZ / AGM

MAITE FERNÁNDEZMajadahonda

Lágrimas descorazonadoras en el Cerro del Espino. Nada más terminar el encuentro era Paco Belmonte, presidente del Cartagena, el que daba consuelo a los seguidores y autoridades desplazadas. Con los ojos brillantes, Belmonte fue abrazando y besando sin expresar palabra. Lloraba también el final el director general de Deportes, Alonso Gómez López. No podía articular un discurso, al igual que el portavoz del PP, Francisco Espejo. La única que mantuvo intacto el espíritu era la alcaldesa de Cartagena, Ana Belén Castejón, que pensaba ya en la vía más lenta del ascenso. «Que no se caiga nadie, que lo vamos a lograr. Queda otra oportunidad y la vamos a aprovechar. Estoy orgullosa de mi equipo y mi afición», indicaba la regidora.

El vestuario, destrozado

Sin embargo, el vestuario estaba hundido. Moisés García estaba destrozado: «Lo ves tan cerca. Un saque de banda. La tocan, la tocamos y se desmorona todo y no sé de dónde saca siete minutos de alargue. Ya no piensas en la segunda oportunidad. Habrá que intentar recuperar al vestuario que está roto. No han tirado a puerta y han conseguido ganar el partido. Reflexionaremos en el vestuario, pero es muy difícil porque nos hemos vaciado», comentó un Moisés que hizo muchos 'amigos' en la afición rival.

Paco Belmonte aplaude a la afición desplazada hasta Madrid.
Paco Belmonte aplaude a la afición desplazada hasta Madrid. / J. M. RODRÍGUEZ / AGM

Cordero intentaba pensar ya en el próximo rival: «Peor no podía haber sido. Ya que estamos aquí y lo hemos tenido en nuestra mano. Vamos a intentarlo porque este equipo se merece estar en Segunda. Gracias a los aficionados porque lo han dado todo y queremos darle el ascenso», comentó el andaluz al salir de un vestuario que era un mar de lágrimas.

Uno de los más afectados era Ruibal, al que apenas le salían las palabras. Los más veteranos estaban más serenos dentro del desengaño sufrido. Ramírez, que se lesionó este domingo en el calentamiento, admitía el palo desde la madurez: «Es la forma más cruel. El fútbol ha sido injusto. El fútbol es así y hay que levantarse porque habíamos puesto muchas expectativas. Descansar hoy y pensar mañana que hay otra oportunidad. A por el que nos toque».

En la directiva, Sánchez Breis rompía a llorar: «Es muy difícil pensar cómo reponerte, pero nosotros llevamos luchando por este sueño mucho tiempo y ni el destino ni un árbitro como el de hoy nos van a impedir pelear por el objetivo», explicó entre lágrimas.

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