Fútbol | FC Cartagena

Horas bajas para el niño prodigio de las bases

Sergio Jiménez, con 19 años, conduce el balón la noche de su debut, en 2012 ante el Yeclano. / J. M. R. / AGM
Sergio Jiménez, con 19 años, conduce el balón la noche de su debut, en 2012 ante el Yeclano. / J. M. R. / AGM

Referente en la cantera, tras seis años en la primera plantilla y 147 partidos, escucha ofertas, pero quiere convencer a Munúa El futuro de Sergio Jiménez en el Cartagena pende de un hilo: la directiva no cuenta con él

RUBÉN SERRANOCartagena

Noviembre de 2012. Miércoles. Cae la noche en el estadio Cartagonova. Apenas mil espectadores asisten al intrascendente encuentro de Copa Federación contra el Yeclano, un garbeo que acaba con goles de Akinsola, Campins y Perona. Aquello parece una pachanga menos para una persona: en el campo hay un chico de 19 años, de mirada inocente y tez morena, que denota alegría. Ahí está, rodeado de hombres y dispuesto a comerse el mundo, un chaval de Los Belones. Fue el debut de Sergio Jiménez, el mismo que seis años y 147 partidos después atraviesa horas bajas en el club de sus amores. Él, buque insignia del fútbol base cartagenero, tiene la puerta de salida abierta para marcharse de casa. Solo el entrenador Gustavo Munúa podría hacer cambiar el fin de esta etapa.

El presidente y dueño del Cartagena, Paco Belmonte, y su socio Manuel Sánchez Breis no cuentan con él. Probablemente ésta haya sido la noticia de la semana en el Efesé, más allá de la presentación de la campaña de abonados, la llegada de Gustavo Munúa y el anuncio de varios fichajes. Porque Jiménez es algo más que un futbolista albinegro; su persona trasciende más allá del terreno de juego: es la viva imagen de la cantera, el espejo para los miles de niños que practican fútbol en el municipio y el puro ejemplo de que es posible crecer, consolidarse y ser capitán en casa. El de Los Belones, que ya está escuchando ofertas, se niega a tirar la toalla y se ha propuesto convencer a Munúa y quedarse.

Jiménez lo hace porque ama al Cartagena, porque lo ha mamado desde pequeño, cuando empezó en las bases del Gómez Meseguer. Es un chico casero y al que le gusta empaparse de la ciudad, salir con sus amigos y que se deja ver a menudo por las salas de cine con su novia. Humilde y maduro, nunca le ha venido grande asumir un rol protagonista e incluso llevar el brazalete de capitán. No le tembló el pulso cuando debutó en Copa Federación ni cuando dio el salto definitivo, de la mano de Pacheta, al que siempre le ha estado agradecido por darle la oportunidad. Ahí, en el curso 2012-13, pasó a ser algo más que una joven promesa: un pivote defensivo a la vieja usanza, de los que guardan la posición y parecen tener tentáculos para hacer el trabajo sucio y recuperar todos los balones sueltos en el centro del campo.

«Desde la lesión, no soy el mismo; llego cansado a la segundas partes», decía ya en enero de 2015

Vio el ascenso de Alcoy siendo un niño y el año pasado marcó allí: «Fue un momento increíble»

Buena parte de culpa de haber llegado tan lejos se la debe a Pacheta. Él, en alguna ocasión, así lo ha confesado. «Me hablaba y me daba confianza y consejos que puedo aplicar. Me los dio a mí y a todos. Guardo buen recuerdo de mi trabajo con él. Me decía: «No te pongas nervioso, juega como tú sabes. Yo sé cómo eres y confío mucho en ti», recordó en 2013. En aquel verano, viendo que despuntaba, el entonces director deportivo del Efesé, Pedro Reverte, vio en él talento: le hizo un contrato hasta 2016, precario eso sí (unos 9.000 euros anuales).

Nada más firmar el contrato, empezaron los problemas. Debutó unos días después en un partido oficial de Liga, contra El Palo, con Tevenet en el banquillo. Entonces tenía 20 años y, a los pocos días, sufrió una gravísima lesión en su rodilla derecha. Un calvario que le acompaña día a día.

Un calvario con la rodilla

Fue operado dos veces en apenas tres semanas. Estuvo siete meses fuera de los terrenos de juego. Temporada en blanco y a empezar de cero con el caos de Sporto Gol Man y Julio César Ribas en la grada. Pudo evitar pasar por ese mal trago, porque en el verano de 2014 se escucharon rumores que lo vinculaban al Real Madrid Castilla de Zidane (uno de sus ídolos) y al Getafe B. «Desde que tuve la lesión, no soy el mismo; no he recuperado mi nivel de antes. No puedo llegar tan cansado a las segunda partes», dejaba caer ya en enero de 2015, consciente de que lo de su rodilla no era un mal menor. Fue a Barcelona e incluso en el club le recomendaron llevar unas plantillas especiales y perder peso.

Aun con esas, se convirtió en el líder de la manada, punta de lanza de una plantilla hundida en los deportivo y en lo económico que, con Palomeque, salvó el pescuezo con un gol sobre la bocina en Las Palmas. A partir de ahí, el Cartagena disfrutó de su mejor versión: eclosionó con Víctor Fernández y con Alberto Monteagudo. Y hasta con el brazalete de capitán, marcó un gol hace dos temporadas en El Collao, para dar el pase al Efesé a la semifinal de la fase de ascenso. Precisamente él había marcado en Alcoy. «Fue un momento increíble. Yo cuando vi el ascenso de 2009 era un crío, estaba en mi casa y nunca pensé que, pasados ocho años, estaría en esa misma portería y marcaría», con un soberbio cabezazo, rememoró en una entrevista el año pasado.

Esta pasada temporada perdió peso en el equipo, por la falta de continuidad y la constante pareja en el medio de Cordero y Chavero. Pese a no estar en su mejor nivel, Monteagudo le dio carrete con 34 partidos (25 de ellos como titular), con el fin de recuperar a ese futbolista que en 2012 sorprendió a todos. En Majadahonda fue expulsado por una agresión inexistente y se perdió el tramo final de la fase de ascenso, cuando probablemente más lo necesitaba el equipo.

El cine y los espaguetis

Jiménez es un chico corriente. Le gustan el cine, los videojuegos y la pasta. «Si me pones espaguetis a la boloñesa, me como todos los platos, son mi debilidad», confesó una vez, en una entrevista, el chico que aprendió el oficio de futbolista de su gran ídolo: el excapitán albinegro Mariano Sánchez. «Sé que estar a su nivel es imposible, pero intento aplicar lo que aprendí de él, mantener su espíritu y ser un digno sucesor de alguien tan grande», explicó a 'La Verdad' en abril de este año. Ahora, aquel niño de tez morena que pasaba las tardes en Los Belones atraviesa las horas más bajas de su carrera; su continuidad pende de un hilo. A punto de tocar fondo, debe salir a flote rápido y convencer a Munúa.

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