Fútbol | FC Cartagena

Otra fatalidad en el saco

Zabaco es consolado por Martínez Victorio y Arango. / P. SÁNCHEZ / AGM
Zabaco es consolado por Martínez Victorio y Arango. / P. SÁNCHEZ / AGM

Los niños lloraron desconsolados, como los jugadores y los directivos, en otra tarde negra

RUBÉN SERRANO Cartagena

El árbitro pita el final del partido y Míchel Zabaco, que había subido al ataque, se tira al césped. Bocabajo. Abatido. No mueve ni un dedo. Está tan tocado, que no lo levantan ni Aketxe, ni Moisés ni Juanlu Bernal. Nada le consuela. Cuando levanta la cabeza, tiene la mirada perdida, como si rebobinara, sin quererlo, una y otra vez ese maldito gol en propia en el Cerro del Espino. Aquello pudo cambiar el devenir de un club con todos los mimbres para subir de categoría, que llegó agotado a la final contra el Extremadura, remó a duras penas, como buenamente pudo, hasta quedarse en la orilla. Zabaco, derrumbado al final del partido, lo sabía. Su ojos en la nada, su cara cariacontecida, fue el resumen de una temporada de lo que pudo haber sido y no fue.

Las del central burgalés no fueron las únicas lágrimas que se vieron en el Cartagonova, trágico escenario que fue testigo de una nueva página negra, en un libro cada vez más repleto de historias espeluznantes. El último capítulo escrito ayer fue menos desagradable que las imborrables tardes del Córdoba en 1999 o el Vecindario en 2006. No obstante, se repitieron escenas que quedarán grabadas en el imaginario albinegro, como la del dueño y presidente del club, Paco Belmonte, cabizbajo en una esquina del campo. Él y su socio, Manuel Sánchez Breis, lo hicieron todo despacito y con buena letra: cumpliendo en los pagos, liquidando las deudas con Hacienda y sacando de la UCI a un club a la deriva. El fútbol le respondió con un revés, de los duros, tras el del Barcelona B y el Rayo Majadahonda. Ver para creer.

Así también lo sintieron los 13.517 espectadores, algunos insultantemente jóvenes, que se fueron a casa con dos batacazos en un mismo año. Hubo niños pequeños abrazados a sus abuelos, llorando y sin que ninguna palabra les sirviera de consuelo. Algunos creyeron hasta el final. «Va a pasar como en Majadahonda, pero al contrario», decían unos seguidores de Tribuna Alta, en el último saque de esquina al que subió a rematar el portero Pau Torres. No fue así, pese al excelso recibimiento y los mensajes de apoyo durante toda la semana en las redes sociales.

Nadie pudo levantar del césped a Zabaco, con la mirada perdida en el gol en Majadahonda; Belmonte esperó a quedarse solo

Las caras en el palco también fueron un poema. Desde el presidente regional López Miras hasta la alcaldesa Ana Belén Castejón, el delegado del Gobierno Diego Conesa y el excapitán Mariano Sánchez.

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