La doble vara

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYACartagena

Alberto Monteagudo se equivoca. Como todos los entrenadores. Pero falla menos que muchos técnicos. Y se equivoca bastante menos de lo que algunos entrenadores de salón (o de red social) nos quieren hacer pensar. Lo tengo claro. Háganme caso. Si fuera un manta, como algunos sostienen por ahí sin aportar ningún argumento fiable, no habría ganado tanto y perdido tan poco en los 18 meses que lleva en el banquillo del Cartagena. Algunos parecen empeñados en desprestigiar a un tipo preparado, honesto, justo y cabal, quien levantó al Cartagena de la lona cuando el proyecto de Belmonte y Breis no arrancaba y lo tiene listo para dar el salto al fútbol profesional. Y llegará, más pronto que tarde.

Tiene Monteagudo el respeto de sus compañeros de profesión y, lo que es más importante, de sus futbolistas. Es difícil encontrar a uno que no esté implicado. Y eso es 'rara avis' en un vestuario en el que siempre hay once tíos mosqueados porque no están en el equipo titular y, a menudo, tienden a descargar su enfado en la figura del entrenador. Los que saben de fútbol destacan la figura de este albaceteño de Valdeganga que ha hecho de la normalidad la mejor virtud en un club que siempre vivió en llamas, con las luces de emergencia encendidas. Y así le fue.

«Te digo que me encanta Alberto [Monteagudo], Paquito. Me encanta, de verdad. No le conozco personalmente y nunca he hablado con él. Soy imparcial. Ya 'sabés' que no me vendo y no me callo. Me gusta muchísimo su propuesta, me divierto mucho viendo al equipo y 'reconosés' el estilo desde el primer momento. Además, da gusto escucharlo en las ruedas de prensa. Es claro, sencillo, natural y conciso. Habla muy bien».

Estas palabras me las dijo Carlos Trasante, con su inconfundible acento uruguayo, el miércoles pasado. Por teléfono, unas horas antes del partido de Copa del Rey ante el UCAM, hablábamos de nuestras cosas. Y nuestras cosas son -básicamente- la pasión compartida por el fútbol y por el Efesé. Trasante, de 63 años, no es ningún iluminado pero fue capitán en Segunda A del Efesé, donde jugó a un gran nivel como defensa central entre 1982 y 1988. Y lleva 30 años ininterrumpidos entrenando equipos en todas las categorías. Algo sabe de fútbol. Lo tengo claro. Háganme caso.

Unas horas después de esa distendida charla asistimos a una gran noche copera en el Cartagonova, con emoción, sufrimiento y épica. Masticada la alegría, me detengo en el detalle de que los que discuten cada cambio y cada decisión de Monteagudo, a veces rozando lo absurdo, no hayan destacado que los dos tantos que dieron el pase al Cartagena vinieron de dos acciones ensayadas, salidas de la pizarra de Monteagudo. Será la doble vara de medir. Detrás de esos goles de Moisés y Jesús Álvaro (y del tiro al larguero de Zabaco) hay horas y horas de trabajo en el laboratorio. Habrá que decirlo también.

Isi Ríos El mal ejemplo

Cuando yo era niño solo veíamos el partido de los sábados por la noche, con Paco Grande y su tono monocorde en los comentarios de La 2, y los resúmenes de 'Estudio Estadio' los domingos. No había tatuajes ni redes sociales, los futbolistas celebraban los goles abrazándose con sus compañeros y en los periódicos se hablaba de fútbol. Solo de fútbol. Así de sencillo. Estos tiempos actuales de 'sobreexposición futbolera' son otra cosa y el mal ejemplo cunde de una manera sonrojante. Solo así pueden explicarse comportamientos como el que tuvo Isi Ros, jugador del UCAM, el pasado miércoles en el Cartagonova. Aquí fue querido y respetado. Nadie tuvo un mal gesto con él. Y en su vuelta hizo el ridículo y cerró para siempre una puerta.

El final del mercado Donde digo uno, digo tres

Paco Belmonte quería una plantilla corta, de 19 jugadores, y su intención era que cuatro chicos del filial, Abou, Adama, Mauro y Teddy, entraran con mucha asiduidad en las convocatorias del primer equipo. En el tercer año del proyecto, el propietario del club cree que es el momento idóneo para que los chicos de la cantera vean que el salto es más corto y posible que nunca. Por eso, Belmonte deslizó hace dos semanas que el plantel se cerraría con un último fichaje. A priori, con la llegada de Dani Ábalo, el equipo debería estar finiquitado. Pero no ha sido así porque las circunstancias han cambiado y Alberto Monteagudo, técnico albinegro, ha apretado lo suyo, alarmado por la falta de profundidad que actualmente tiene en su banquillo. Con Aguilar entre algodones desde que llegó y Zalazar de baja desde hace diez días, Belmonte y Breis han abierto la mano y finalmente han decidido sumar tres nuevos efectivos: el citado Ábalo, el lateral zurdo Morros y un central sub 23 que llegará durante la jornada de hoy. Incluso van a intentar traer a un cuarto jugador, un ariete extranjero menor de 23 años. Es una operación complicada y casi no hay tiempo. Pero podría fructificar. Lo normal es que la plantilla acabe siendo de 21 jugadores. La Copa del Rey y las lesiones de Aguilar y Zalazar han sido claves en el cambio de opinión de Belmonte.

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