Opinión

Días fértiles, vientos de cambio

Pista central del Palacio de Deportes, esta semana. /José María Rodríguez / AGM
Pista central del Palacio de Deportes, esta semana. / José María Rodríguez / AGM

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYACartagena

Uno está tan acostumbrado a ser portador de tantas malas noticias que cuando las buenas se suceden tiene que pararse y pellizcarse tres o cuatro veces para darse cuenta de que las cosas (buenas) que están pasando no son producto de la imaginación. Estamos en una semana histórica para el deporte cartagenero, tan machacado, tan marginado y tan olvidado desde que tengo uso de razón. En unos pocos días se va a llevar a cabo la reforma más ambiciosa del estadio Cartagonova en sus casi 30 años de vida y se va a abrir el nuevo Palacio de Deportes de la ciudad.

Le gustaba decir cuando era concejal al actual director general de Deportes, Alonso Gómez López (PP), que cualquier alcalde que se acercara al deporte, lo mimara e invirtiera en él tenía medias elecciones municipales ganadas cada cuatro años. Por lo agradecido y lo importante que es la práctica deportiva en la vida diaria de una ciudad. Invertir en deporte solo genera sinergias positivas en un municipio. Solo suma. Nunca resta. Esto último lo añado yo ahora. Y en lo anterior, en lo que era cosecha de Gómez López, yo le daba -y le doy- la razón.

El problema es que él estuvo 20 años en el equipo de Pilar Barreiro. 16 años como edil de Deportes. Que se dice pronto. Y fue incapaz (no pudo, no supo o sencillamente no quiso) de hacerle ver a su 'jefa' de que iba por un camino completamente equivocado. Así le ha ido al deporte local durante las dos últimas décadas.

Barreiro odiaba el deporte -especialmente el fútbol- y se enorgullecía de proclamarlo en cualquier corrillo, siempre pendiente de que el micrófono de turno estuviera convenientemente cerrado. Las urnas, eso sí, nunca le castigaron por esto. Ni por ninguna otra cosa. Que de todo hubo. Hasta que un domingo de finales de mayo de hace dos años tanto fue el cántaro a la fuente que al final se desbordó.

El principal legado que nos dejó Barreiro en materia deportiva es ese horroroso Palacio de Deportes que nos ha salido, de momento, por 21,5 millones (con un sobrecoste del 63%), y que se construyó de un modo tan lento como vergonzoso. Pero soplan vientos de cambio y en estos días fértiles, llenos de buenas nuevas, toca aparcar el pasado y ponerse de etiqueta. El sábado vamos de estreno y, con todas las dudas y miedos que todavía flotan en el ambiente, es el momento de mostrar a toda España que aquí hay un pabellón moderno y funcional para el próximo medio siglo y que el equipo de fútbol sala de Cartagena está de vuelta para quedarse en la élite.

Lo que también toca es aplaudir la valentía y el arrojo que hatenido el actual edil de Deportes, Ricardo Segado (MC), para coger el toro por los cuernos, no marear más la perdiz y lanzarse a la estimulante aventura de abrir de una vez por todas una instalación que no podía permanecer cerrada más tiempo. Superada la prueba de este sábado (creo que así será), lo deseable sería encontrar un parqué, colocarlo y que el Palacio se abra para siempre.

Del Cartagonova ya está casi todo dicho. De allí solo salen noticias positivas últimamente. Deuda cero, partido de la selección, visita del Sevilla en la Copa y una estupenda reforma del terreno de juego y los vestuarios. Ya solo nos falta que vuelvan los goles y las victorias. Por pedir...

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