Agua al vino en la víspera de San Mateo

Aficionados del Cartagena, en el estadio El Prado de Talavera, ayer./LOF
Aficionados del Cartagena, en el estadio El Prado de Talavera, ayer. / LOF

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYACartagena

Hacía tiempo que la afición del CF Talavera, un equipo refundado en 2010 y que tuvo que empezar desde Primera Autonómica tras la desaparición por deudas del club de toda la vida, no disfrutaba de una noche grande. La afición local quería 'jugar' su partido. Se notaba en el ambiente desde primera hora de la tarde. Bares engalanados y camisetas albiazules en los alrededores de El Prado, un campo de los de toda la vida, incrustado entre edificios en medio del centro de una ciudad de 85.000 habitantes, a una hora de Madrid y a 40 minutos de Toledo, muy castigada por el paro (más del 30%). Había ganas de gritar a los cuatro vientos que el fútbol talaverano está de vuelta.

Y se notó en los prolegómenos del encuentro, con un mosaico que cubrió un fondo entero. Y durante los 90 minutos, con una afición ruidosa y pasional como pocas. Los 50 cartageneros agolpados en una esquina tuvieron pocas posibilidades de hacerse notar. El momento más caliente llegó cerca del descanso tras un enganchón entre Aketxe y Paul Quaye, resuelto por el árbitro con amarilla para los dos. Eso le costó al delantero bilbaíno convertirse en el centro de todas las miradas y recibir algunos lamentables insultos desde la zona donde estaban los aficionados más radicales del equipo local.

Al final, en la prórroga se calentó mucho el ambiente y se escucharon gritos racistas contra el guineano Moussa Camara. Los aficionados visitantes se volvieron locos con el golazo de Jesús Álvaro, pero los locales no acusaron el golpe y siguieron animando a su equipo para que buscara el gol de una igualada que finalmente no llegó. El Efesé le acabó echando agua al vino en la víspera del inicio de las fiestas patronales de San Mateo. La cosa terminó con un conato de pelea en el túnel de vestuarios.

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